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viernes, 5 de septiembre de 2008

LA FALSA OBJECION DE CONCIENCIA

Bibiana Aído quiere acabar con la "falsa objeción de conciencia" de cientos de médicos que apelan a motivos éticos o morales para negarse a practicar abortos en la sanidad pública, según aseguraron ayer fuentes socialistas poco después de que la ministra de Igualdad anunciase por sorpresa que antes de que acabe 2009 verá la luz una nueva ley del aborto. Según esas fuentes, Aído, que cuenta con el firme apoyo de su colega de Sanidad, Bernat Soria, pretende "corregir el despropósito" de que apenas el 3% de las más de 100.000 interrupciones de embarazo que se registran cada año en España sean asumidas por la red de hospitales públicos.

Aído, sobre cuyo departamento recaerá el peso de la reforma, advirtió que "no puede ser que en España una mujer que decida interrumpir legalmente su embarazo tenga dificultades y que el tratamiento que reciba en esa circunstancia sea diferente en función de la comunidad autónoma en la que viva". Pero para lograr que el aborto sea una prestación sanitaria equiparable en todas las comunidades y garantizar ese derecho en los hospitales públicos, "el primer paso que hay que dar es crear un registro de médicos objetores", según las mismas fuentes, que denuncian que en Navarra, Murcia o Castilla-La Mancha no hay un solo centro sanitario público que practique abortos.

El objetivo de la futura ley, siempre según esas fuentes, es que ese registro sirva para elaborar un censo fiable de los facultativos que rechazan realizar esas intervenciones por auténticos motivos de conciencia y acabar con la situación actual, en la que muchos profesionales de la medicina se niegan a practicar abortos no por cuestiones éticas o morales, sino por las presiones de sus superiores jerárquicos o de los propios centros sanitarios.

"El registro podría ser útil para vetar el acceso de los objetores a las plazas ofertadas en departamentos que tengan relación con la planificación familiar o en los que se practiquen abortos", sostiene el ginécologo José Luis Dargayo, que presta sus servicios en la clínica Dator, una de las pioneras en interrupción voluntaria del embarazo. "La realidad es que hay pocos objetores reales y muchos circunstanciales, que prefieren evitar ese tipo de intervenciones para no enfrentarse a su jefe de servicio o por simple comodidad, porque siempre resulta más gratificante y menos incómodo hacer una cirugía convencional que intervenir en un aborto", añade Dargayo. El ginecólogo cita como ejemplo el caso del hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid): "Ahora no se realizan abortos porque la jefa del servicio de anestesia es objetora y no permite a sus ayudantes que lo hagan, pero hace unos años, cuando yo trabajaba en el servicio de ginecología, sí se practicaban, porque el responsable del servicio no se oponía y dejaba libertad a sus subordinados".

Aído no quiso adelantar ayer ningún detalle de la futura ley, pero las fuentes consultadas señalaron que la regulación de la objeción de los médicos será uno de los ejes sobre el que girarán los trabajos del comité de expertos que asesorará al Gobierno. La objeción de conciencia forma parte del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el artículo 16.1 de la Constitución, pero no existe ninguna regulación legal en España sobre objeción de conciencia sanitaria. La única normativa sobre esta materia no tiene rango legal, sino exclusivamente reglamentario, y en ella se establece que "la no realización de la práctica del aborto habrá de ser comunicada a la interesada con carácter inmediato, al objeto de que pueda, con tiempo suficiente, acudir a otro facultativo".

1 comentario:

Baraka dijo...

Me parece una barbaridad que se pretenda crear un Registro de Médicos Objetores por la sencilla razón de que el derecho constitucional en el que se amparan (la libertad ideológica, de pensamiento o religiosa, según cada cual) no tiene posibilidad de ser limitado y/o controlado. Un registro, una lista negra, no es positivo en el tema de derechos fundamentales, pero de eso, Bibiana Aído, sabe bien poquito, al parecer.