ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

martes, 11 de agosto de 2015

ACÁ ARRIBA

Cinco días. De cinco, tres días han sido de sol, gaviotas, una leve y fresca risilla que envuelve como un echarpe los pensamientos del navegante sin barco, el personaje que cimbrea edificios y divaga mientras pasea, de arriba a abajo, un paseo eterno y marítimo. Los dos que llovió se dedicó a sí mismo, a aburrirse de uno mismo, a pensar en los porqués de interrogantes que ni siquiera había empezado a sospechar. Se protegió con un pequeño paraguas que había cumplido mas de una década de los dardos solidarios del chiribiri y una gorra de lana le humedecía los cabellos con la melaza cálida del sudor. Hacía calor, un diminuto mucho, calor bajo la lluvia, durante dos días infernales en los que pensó en el devenir de su vida. 

sábado, 8 de agosto de 2015

HABEMUS PADRINUS

HABEMUS PADRINUS
Montiel de Arnáiz
@montieldearnaiz


En resumen: el chico nace chica pero se siente -quiere ser, va a ser- chico. El chico tiene hermana, la hermana tiene hijo, concretamente un recién nacido al que hay que -quiere, va a- bautizar. El chico va a ser el padrino, la hermana así lo quiso. El párroco duda: ¿es chico o chica? El DNI no engaña pero habrá que hablar con el obispo, el mismo que nunca habla. El chico es católico, muy religioso, y es buen chico. El obispado dice que nones, ¿cómo? Que nanay de la china y el chino. El chico entristece, la hermana se ofende, la prensa se hace eco y el obispado se va de vacaciones -que es agosto- y dice que ya si eso nos vemos en septiembre. El chico protesta, la prensa redobla, la hermana hace una petición de firmas en internet y se planta en el aforismo: quien no tiene padrino, no se bautiza. Y se suspende el bautizo. Entonces, hay marcha atrás obispal, aun en vacaciones de agosto, y habemus padrinus. Por tanto, tenemos bautizo de nuevo. 

Me alegro por el chico, que además es isleño y tiene cara de buen chaval, y me alegro por la rápida solución de un problema extravagante. El carisma del santo padre argentino está descolocando a muchos santos en sus altares. La Iglesia está dejando de ser un exclusivo club privado para abrir sus manos y su regazo a todos los hijos del Señor. Menos mal, porque en esta década de oprobio de las instituciones (y el catolicismo lo es), hay que saber adaptarse o morir, y no precisamente en la cruz. Personalmente, me daría igual si el chico fuese hombre o mujer, gay o hetero, si escribiera novela histórica o de terror. Para mí lo importante sería la fe, y creo que el chico y su hermana, han demostrado entereza, valor y fe inquebrantables. Por eso les felicito, igual que al obispado que, aunque estaba de vacaciones estivales, ha recogido las toallas y la sombrilla y se ha vuelto de la playa cogestionada del Castillo de Sancti Petri para evitar la pérdida de un creyente, un chico isleño con cara de buen chaval, que apadrinará a su sobrino y que, a buen seguro, lo apoyará en la fe de su Iglesia. Como Dios manda.

lunes, 3 de agosto de 2015

CHIRINGUITEANDO - La Voz de Cádiz-ABC 2-08-15



Ahora que ha quedado claro que Alex Salinas, el chaval transexual de San Fernando, no podrá ser padrino bautismal del hijo recién nacido de Susana Díaz, que a Dani Güiza le ha colocado el médico una mascarilla de oxígeno con el escudo del Cádiz y que en el caso del robo de la caja municipal de San Fernando la juez ha imputado a interventor y tesorero del Ayuntamiento, sin que se hayan producido dimisiones ni ceses, todas mis preocupaciones se centran en disfrutar de los pocos días que quedan ya hasta el siguiente día hábil judicial. 

El viernes participé en la exitosa IslaCultura, iniciativa/pataleo de muchos isleños preocupados por el desarrollo del arte y la cultura en todas sus formas, que se realizó en el infrautilizado Centro de Visitantes de la magnífica playa de Camposoto, también denominada del Castillo a causa del maravilloso fortín de Sancti Petri, bien patrimonial de la ciudad de San Fernando que, al parecer, cogestiona un municipio que no ostenta su titularidad. Cosas políticas, amigo Sancho.

Estos días estaré chiringuiteando. Me encanta ese concepto empresarial: un sitio cercano, ofertante de sombra, donde uno escucha música agradable y bebe algo fresquito, acompañado de tapa. Hay chiringos de diversos tipos y calidades: desde los que más enfocados al turismo familiar, como los de la playa de la Barrosa, hasta los que te ponen menudo y brocheta de solomillo como los de San Fernando, pasando por los más sofisticados de Vejer, en la playa de El Palmar, como La Mona.

El chiringuito capitalino es canela en rama. Sillas cómodas, camareras agraciadas y dependientes barbudos, actuaciones en vivo y/o DJ pinchando música chill-out, mojitos cubanos con vistas al ocaso mientras se goza de una atractiva y sabrosa comida de autor. En algunos hay hasta animadores infantiles: dejad que los niños se alejen de mí. Me parecen proyectos empresariales inteligentísimos, enfocados a un tipo de turismo alejado de lo clásico, que exige buen gusto. En esta tierra la gente vive pisando arena y mirando al mar: era necesario ofrecer al pueblo gaditano el Bebo los Vientos, el Potito o el Kalabeach, e igualmente lo es dar a los isleños el Nahu Beach, municipalizado y cogestionado con el Ayuntamiento de Cádiz. Qué menos.