ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

viernes, 31 de agosto de 2012

LA TORMENTA SOLAR (La Voz de Cádiz - 29-08-2012)


Apenas apuraba su vaso, un redondo cristal coronado por un trozo de piña que había acostumbrado a tomar entre baño y siesta y baño y cena. Piña colada, lo llamaban los peritos que sabían diferenciar entre perro y niño. Decía que apenas y, disfrutando de la calma visión del atardecer, un nido de parejas, arrumacándose, orientaban sus cuerpos al nacimiento del ocaso, al fin del sol, amparados en una arena fina, blanca, sibilina, que era besada eternamente por el Mediterráneo (mar latino, pasional y cálido). Tomó con dos dedos la porción triangularmente cortada de piña y la llevó a sus labios. Eran unos labios carnosos y rosados, apetentes de mordisquear, y la piña lo agradeció. El crepúsculo atardecer le era dulce y se extendía con parsimonia como el aceite penetra y resbala la masa del pan. De repente, observó que las gaviotas estaban inusualmente nerviosas, aleteando inquietas, como si hubieran presentido un depredador. Muchas se unieron en un círculo en la arena, a pocos metros de la bebedora de piña colada, la que tenía labios apetecibles. Las aves buscaban protección bajo una sombrilla. Eso la hizo temblar.

Unas grandes fauces rojas, semejando bocanadas de fuego, comenzaron a caer sobre las anidadas parejas desde una gran altura a lo largo de toda la costa. La mujer se levantó mecánicamente. Sus ojos se convirtieron en una sola pupila uniforme. Entró corriendo a la casa blanca de tejas rojas que había idealizado en su mente y que, en realidad, eran cuatro paredes encaladas con techumbre de uralita. Se acercó a una sucia alfombra, extendida en el suelo y, levantándola, descubrió una argolla oxidada. Jaló de ella y una gran fauce de oscuridad la engulló hasta que encendió la app linterna del móvil y localizó el interruptor de la luz. Lo habían advertido, la NASA, hasta científicos españoles, las tormentas solares aparecían cada once años y habían llegado hoy a las costas de Sancti Petri. Dentro, centenares de latas de conserva apiladas en estantes del Leroy y garrafas de cinco litros de agua mineral. Suficiente reserva para que una persona pudiera sobrevivir un mes, como mínimo, como habían recomendado. Sentada allí, en la soledad, la mujer reflexionó.

No se había parado a pensar, hasta entonces, en los niños desaparecidos: Ruth y José. «Pobriños zagales». La mujer se dio cuenta de que tenía claro que, dijeran los peritos lo que dijeran al final, el presunto Bretón tenía cara de ser culpable. Era un defecto, lo sabía, determinar su opinión por el rostro de las personas, pero no podía evitarlo. Fuera, en Puerto Real, el diputado Sánchez Gordillo y decenas de manifestantes del SAT debían estar abrasándose junto con sus banderolas republicanas y comunistas, en el infierno que debía ser la caseta municipal cedida. Lejos, el etarra Bolinaga llevaba razón: no le quedaban ni once meses de vida. Y la mujer se dio cuenta, demasiado tarde, que había olvidado su piña colada arriba, donde todo ardía. Y tachó el día 1 del calendario.

Enrique Montiel de Arnáiz

QUERIDOS MIGUEL Y RAQUEL (La Voz de Cádiz 22-08-2012)


Mientras estáis subiendo al avión con destino a Cuba (La Habana) o La Habana (Cuba) me pliego en un sofá no de sky para escribir mi reflexión semanal, mientras en el Canal Cocina un guiri con sombrero enseña a los que no lo tienen cómo se hace un gazpacho o se cocina un conejo de campo. Escribo a traición, lo reconozco, dado que ya no podéis prohibirme que diga lo que pienso de vosotros dos en público, ahora que no podéis amenazarme con tortura eterna como cuando os propuse hacer un monólogo en el convite de vuestro bodorrio. Cuando volváis a Cádiz (España) o a España (Cádiz) este artículo llevará publicado dos semanas (espero). Lo colgaré en PDF en ese Facebook del que Miguel me bloqueó cuando empecé a criticar sus opiniones a lo Sánchez Gordillo y etiquetaré a todos vuestros familiares y amigos. Y ellos os dirán lo que piensan de vosotros. Ya os advertí que mi venganza sería terrible (Suena de fondo risa malévola no exenta de buenas condiciones de soprano).

Os echo de menos y aún no os habéis ido. Echo de menos tu ética de trabajo, Miguel, tu honradez y tu humildad, tu cara de sueño ante el café y tus fuertes convicciones morales, características ésas que en su día quizá te apartaron de ir en una lista política y te lanzaron a la bella y muy triste profesión de la Abogacía. Te he visto crecer estos últimos años, personal y profesionalmente. Tus clientes y yo sabemos que mereces esta boda y este viaje y sólo espero que no te dé por llevar de paseo en coche por la isla que remeda Cádiz (España) a la familia Castro y os salgáis por un barranco. Sé que no es una coincidencia que te hayas marchado del país justo cuando empiezan las comisiones por el caso de los ERE.

De Raquel se echa de menos su simpatía y su prudencia, su máxima tenacidad en su deseo de seguir ejerciendo su profesión de enfermera allá donde pueda, tras una década de opositar contra los elementos, de deambular por residencias geriátricas, hospitales militares y del SAS, clínicas privadas y consultas médicas. Ella es el típico ejemplo de una Joven Aunque Sobradamente Preparada que sólo necesita una oportunidad. Una persona que un día tendrá esa mijita de suerte que hace falta para romper en la vida y aprobará su oposición, logrará su contrato indefinido y podrá partir tranquila al ocaso de su vida, previa búsqueda de Miguelín Jr.

Son dos amigos que se han casado, rodeados de quienes tanto les quieren, el pasado sábado. Dos jóvenes que no paran de luchar en esta España en crisis, contra las instituciones, contra la injusticia, contra los límites impuestos. Dos corazones de oro que cuando vuelvan de Cuba (La Habana) o de La Habana (Cuba) descubrirán la de gente que les quiere. Aunque sea en el ‘Feisbu’. Y se encontrarán con que el resto de su vida les estaba esperando.

Enrique Montiel de Arnáiz

EL HOSPITAL FANTASMA (La Voz de Cádiz 15-08-12)


Érase una vez, febrero de 1809, que los ejércitos napoleónicos querían y no podían cruzar el Puente Zuazo para terminar de domeñar España. Con las bombas que tiraban los fanfarrones, etcétera (siga la copla), la guardia salinera defendía la plaza ayudada de los ciudadanos locales que se echaban a los caños a hacer cadáveres. Nacían heridos de ambos bandos –prisioneros gabachos– y tras la rendición del Almirante Rosily y la batalla de Bailén (1808) los había habido a puñados. Era necesario construir un hospital y para ello se utilizó un convento franciscano sito en la población militar de San Carlos. Posteriormente, el hospital se integró en la jurisdicción militar, fue reformado, derribado, reconstruido y conveniado con el Servicio Andaluz de Salud. El hasta hace un lustro edificio más alto de la Isla de León ha peinado ya doscientos tres años de vida.

Ayer, agosto de 2012, Raquel, isleña de adopción y madre de cañaíllas, fue al Hospital Puerta del Mar de Cádiz. Arrastraba un maltrecho pie ayudada por dos muletas prestadas, subiendo poco a poco la cuesta caminito de Urgencias, Admisión, Triage, Traumatología, RX y otra vez Trauma. Caminito de tres horas perdidas de su vida. Pero el viaje no fue en balde: allí conoció al Dr. Raimundo Arnet, tipo amable a la par que ácido, algo deslenguado, aunque encantador, que le informó que su homóloga, homónima, homófoba, de Urgencias de San Fernando, que no le había hecho radiografías (no porque no quisiera, sino porque en Urgencias de San Fernando no hay maquinita de rayos equis), había errado el diagnóstico: el dedo meñique de su pie no estaba roto, sino luxado (bella distinción). Agradecida y aliviada, Raquel cogió sus muletas y partió al paraíso del hogar, dulce hogar, donde aguardaban sus dos pajarracos.

Hay que decir que en San Fernando sí hacen radiografías: en el Hospital de San Carlos. Pero no a cualquier hora. No en Urgencias. Es un centro de doce plantas que tiene ocho o nueve marchitas. Sus enfermeros y celadores se manifiestan presos del hastío. Los médicos no se sabe si vienen o si van. La ciudad de San Fernando (y el resto de la Bahía, por qué no) tiene, al ala del Panteón de Marinos Ilustres, un edificio re-inaugurado en 1981 y que, treinta años después, es una bofetada en la cara de los isleños por la inmensa ineptitud de unos políticos que más parecen contables que representantes de la soberanía popular local. Dicen los que trabajan en el Hospital de San Carlos que, una vez cedido, a la Junta de Andalucía le es más barato derruirlo y levantarlo nuevamente que reformarlo y adaptarlo. No puedo creerlo, viendo el estado que ofrecen otros hospitales y consultorios. Y en esas tablas pasa el tiempo no llega el jaque mate. Pero a gente como Raquel, dolorida, con dos pajarracos, le hace falta tener a un Raimundo Arnet a diez minutos de su casa en vez de ir a Cádiz, montada en un taxi, pasando sombría por la puerta del hospital fantasma.

Enrique Montiel de Arnáiz

miércoles, 8 de agosto de 2012

RUBALGATE ( La Voz 8-08-11)

Hace unas semanas acabé de ver varias de mis series de televisión favoritas. Murieron House, El Séquito, Juego de Tronos, The Glades, El declive de Patrick Leary y Crónicas Vampíricas y llegaron el verano y las (siempre cortas) vacaciones a llamar a mi puerta. Y en estas que, ventana abierta, mosquitera echada, entrando gota a gota el fresquito del anochecer, decidimos en la democracia limitada que es el matrimonio (o sea, una autarquía) que la siguiente serie que veríamos sería la exitosa Mad Men, cuyas dos primeras temporadas teníamos regaladas hace un par de años. Es grande, no sé si llega al nivel de Los Soprano, pero lo cierto es que mejora capítulo a capítulo, dejando traslucir los vericuetos de la personalidad humana: los prejuicios, el machismo, la traición, la ambición, la infidelidad, la psicopatología, la trampa. Visto el mundo del publicismo desde una alta inteligencia, termina la primera temporada con la victoria de Nixon frente a Kennedy. Lejos estaban aún Bahía de cochinos, Marilyn Monroe y el escándalo del hotel Watergate. Siguiendo la línea cinéfila recuerdo el estreno de ‘J.F.K.’, realizada por dos iconos de Hollywood venidos a menos: Oliver Stone y Kevin Costner. En el viejo cine Almirante, hoy Centro de Congresos de la Isla de León, cargado con una bolsa de esas gominolas que vendían en la puerta porque no se permitía la entrada de chucherías «de la calle», me tragué las tres o cuatro horas de filme por el que parecía apuntarse un complot para asesinar al Presidente Kennedy. Y la enlazamos con la más grande aún ‘Todos los Hombres del Presidente’, del tenebroso Alan J. Pakula y vemos que el aleteo de una mariposa comenzó con el escándalo del Watergate. Y de ahí a Guantánamo hay un paso.
Y ahora nos enteramos de que una empresa con nombre de local de contactos sexuales, ‘Interligare’, pudo amañar en comandita con el Ministerio de Interior del Gobierno de Zapatero numerosos concursos públicos a cambio de espiar a altos cargos del Partido Popular. Los cachondos de turno han denominado este escándalo de las escuchas como ‘Rubalgate’ y la verdad es que nos hace sospechar. De Rubalcaba leemos que estaba relacionado en lo del GAL y en el Caso Faisán, y lo enlazan con el comentario a Carlos Floriano y la denuncia de Cospedal de las escuchas del año 2009. Pero de oír todo eso a considerarlo cierto dista mucho. Aunque si hablamos de corazonadas –esas que tanto se producen en Mad Men– siempre que me hablan de Rubalcaba recuerdo ese comentario que me hicieran sobre él: «Nunca le compraría un coche». Y me solazo.
Se habla con frivolidad de un tema que de ser cierto sería gravísimo y que en otras democracias más novatas implicó la dimisión de un Presidente gubernamental. Y ahora dirán unos que es la misma mafia de siempre y otros que es una persecución política. Y nosotros, los ciudadanitos, seguiremos con cara de tontos esperando entender algo, soñando con ser guapos y listos y Don Draper, el interligón genio de la publicidad. Todo lo que Rubalcaba siempre quiso ser y nunca fue.

Proselitismo

Cada vez aburren mas las redes sociales por su utilización como fuente de captación de simpatizantes y azote del adversario político. Ya no es un medio para reencontrarse con antiguos compañeros de clase, amigos, familiares o, simplemente, para ligar, sino que ahora es usado (y abusado) para un fin inadecuado. No quiero que me digan lo buenos que sois y lo malos que son. Solo quiero desconectar un rato de la vida, así que acabare haciendo "limpia" o borrandome...

jueves, 2 de agosto de 2012

FAMOSOS EN CÁDIZ (La Voz, 1-08-12)


Estamos en la tierra donde todas las civilizaciones que han tenido importancia en la historia han dejado simientes (o al menos lo han intentado), y por aquello de que al final uno vuelve a casa por navidad y en Cádiz navidad es todo el año con sus regalos eternos de sol (elija playa), gastronomía (elija restaurante) y arte (elija tablao), muchos gaditanos de adopción, gente de pro, emigran al equinoccio español, allí donde la luz es más plana. Y claro, uno sale y se los encuentra. Estaba ayer sentado en un banco del juzgado provisional de la ciudad de San Roque («Donde reside la de Gibraltar») esperando –dos horas– a entrar a una vista cuando, imagínense, observo una figura delgada aunque atlética, de media altura, barbita de varios días y pelo largo engominado hacia atrás. Uno de tantos foráneos que plagan nuestras costas trimilenarias en julio y agosto. Pero Inma (mi contraria), que estaba sentada en el banco a mi lado, me dice que le suena. Y yo le digo que me suena también. Y me dice: para mí que es el del caso Gürtel. En menos tiempo que un banquero abre un depósito a un anciano saqué mi ipad y busqué en donde ya imaginan: «Francisco Correa». Y hete aquí que aparece el mismo señor, con su barba canosa, su barbilla afilada, la pinta de manejar billetes morados y el pelo engominado para atrás. «Supongo que echa unos días en Sotogrande», digo.

San Roque, «donde firman los imputados», parecía decir la canción. Efectivamente, nos dijo un amable Guardia Civil: viene a firmar todos los días. Vaya incomodidad la Justicia, oigan: está la gente criticando la prisión de Antonio Fernández y el Sr. Correa tiene que levantarse por las mañana cada día, echarse su mascarilla y usar su gomineitor machine y coger el seiscientos para plantar su firma y volver a sus ocupaciones piscinoides y barbacoíles sotograndiles. Y que lo disfrute, que lleva un añito que para él queda. Igual que el que lleva el soriano Jesús Posada que ha sido visto ayer en los dominios de la familia Córdoba, concretamente en ese magnífico remanso de paz que es el Restaurante «El Faro», donde, acompañado de sus allegados, que el Presidente popular del Congreso de los Diputados (tercera autoridad del Estado Español) imagino que habrá disfrutado del delicioso arroz negro con alioli, marca de la casa. O el del Señorito. Que es el que por fin ha debido tomar el nuevo por fin Delegado por fin del Gobierno por fin de la Junta de Andalucía, el isleño por fin Fernando López Gil, quién después de dos meses de espera, de congresillos, asambleas, congresos, presidencias y demás charangas de partido, ha recibido premio a su trabajo en el organigrama socialista y sus resultados electorales en el municipio de la Isla de León. Se ha quedado Fernando con la espinita clavada de la alcaldía, pero, por la cuenta que nos trae, le deseamos un exitoso cursus honorum.

Enrique Montiel de Arnáiz