ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

lunes, 28 de marzo de 2011

DON ERE QUE ERE (La Voz 27-03-11)

DON ERE QUE ERE

Nos ha salido rumbosa Soraya Sáenz de Santamaría, casi tanto como ingeniosoAlfredo Pérez Rubalcaba. Todo comenzó tras la recuperación médica del Vicepresidente Primero y Portavoz del Gobierno, animada, seguramente, por los mensajes al móvil de su Némesis, Ignacio Gil Lázaro,y susreiterativas preguntas sobre el “Caso Faisán” y la posible futura imputación del propio Rubalcaba en esta trama judicial. Don Alfredo contestó en estrados al popular con una canción sobradamente conocida del grupo zaragozano Amaral: “Sin ti no soy nada”. La ocurrencia fue coreada por el hemiciclo, que encima de cobrar hasta se divirtió. Y claro, había que contestar y ponerse al mismo nivel que el socialista porque somos miembros de este Estado del Non Plus Ultra en el que mi móvil es 5G, el coche se aparca solo, y la tenemos más grande que el vecino.Por eso salió ayer la vallisoletana portavoz del PP (y diputada en Cortes Generales) a contestar como ella sabe: Las Ketchup han puesto la banda sonora a las futuras elecciones del 22M: el AsEREjé. Dedo en ojo, hace pupa.

Este rifirrafe musical creará escuela y pronto los cachorrillos de los partidos –ya saben, gafas de montura fosforescente o rebecas anudadas al gaznate- crearán grupos de Facebookpara ver quién hace la gracia más pizpireta. Empezarán, además, los partidos a reclutar cómicos a los que el Ministerio de Incultura subvencionará (o no) sus monólogos de viernes noche siempre que con ellos zahieran al adversario y nos riamos todos. Incluso algunos, especialmente hábiles, podrán vivir de esto y les regalarán trajes caros y les darán de alta en empresas con antigüedad desde el día que su padre le puso el disco de Barry White a su madre.

Esta es nuestra querida España, en la que nunca se ponía el sol. Todos insomnes y diciendo sandeces con cargo al erario público. Los politiquillos ya aburren buscando siempre el “summer hit” para que lo escuchemos al albero de la caseta elegida en el recinto ferial que toque. Es graciosa y significativa la falta de dignidad de esta clase politicastra (rima con Yocasta) que hace menos que nada para sacarnos de la crisis, centrándose únicamente en el marketing, el onanismo y el desgaste político del adversario. Qué ganitas tengo de que lleguen ya las elecciones, todas ellas, en las que si se presentaran Clint Eastwood, Bart Simpson o el fantasma de Jesús Gil (con Imperioso de segundo) ganaban seguro por inasistencia del contrario, con expresa condena en costas por su temeridad y mala fe. Nos tienen hartos los políticosde su incompetencia, clientelismo y mangancia, de sus líneas sucesorias no monárquicas, de su nosotros y ellos y demirar siempre la viga en el ojo ajeno y no ver el pirulí de Torrespaña en el nuestro, y yo lo seguiré denunciandouna y otra vez desde el púlpito que me da mi independencia política. Aunque me llamen Don Ere que Ere ;)

Enrique Montiel de Arnáiz

domingo, 20 de marzo de 2011

LA CIUDAD DE LAS HUELGAS (Publicado en La Voz 20-03-11)

LA CIUDAD DE LAS HUELGAS

El problema de llegar a lo justo al AVE es que no da tiempo a desayunar, lo que se soluciona con el billete de clase preferente, que incluye la restauración. Atractivas jóvenes encorsetadas en uniformes de azafatas prestan las atenciones que el “status preferéntibus” exige. Menos ayer, cuando el personal encargado del servicio decidió ejercitar individualmente, pero de manera colectiva, el derecho fundamental recogido en el art. 28.2 de la segunda Constitución más importante en la historia de España. Cazoletadas, vocinglerías, pitadas y mucha juerga general. No es que no lo esperara, porque cada vez que voy a Madrid me encuentro una huelga (la de los taxistas fue insana) pero el viaje de ciento cincuenta minutos sin un café que espantara las legañas se hizo: 1) eterno; 2) cansino; 3) insoportable (elija la/s que guste).

Ojeando una revista abandonada me enteré que se celebra el no sé cuál homenaje al disco “The Wall” de los Pink Floyd de Roger Waters. El LP mostraba la evolución de la vida de un cantante que remeda a Syd Barrett, desde sus inicios hasta su conversión en una especie de Adolf Hitler. Siempre he relacionado ese “Muro” con el de Berlín, que unió Europa desde su destrucción en 1989, y tras el que tantos alemanes abrazados contribuyeron a la creación de un continente unido que se ha ido disgregando progresivamente hasta el día de hoy.

Hoy. Estamos en mala racha, endeluego. El Tsunami de Japón se ha convertido en una calamidad nuclear que tiene a todas las naciones del mundo preocupadas por los vientos y las mareas. Los muertos en las naciones africanas llegan a un número inaceptable mientras asesinos travestidos en líderes políticos se astillan las uñas agarrándose a sus sillones de oro y verdes gemas. Nuestro Gobierno dice a la ONU que cuenten con nosotros y, por tanto, estamos en guerra. Y ese muro que se fracturaba en Berlín con música del Muro de Waters nos parece una ilusión en esta España de charanga y pandereta (en huelga) en la que la gente carece de ilusión y se refugia en la telebasura y el fútbol para no pensar en el cobrador del frac y de la fraca.

Fui, me reuní y volví de un Madrid inusitadamente soleado, en un vagón preferente sin restauración, siguiendo cada poco las noticias del extranjero, mirando con curiosidad desde el asiento trasero de un taxi a una bella joven de cabellos rapados –su tez blanca, limpia y tersa brillaba al sol- practicando trucos circenses con unos bolos, sin ser consciente de la atención que había conseguido. La taxista, que llevaba sólo dos semanas conduciendo, expresó su disgusto al verla: “en vez de trabajar…” Yo la observé cándida y entretenida, alegre y distante de las preocupaciones de esta prostituta vida y le contesté a la taxista que mejor dedicarse a eso en la ciudad de las huelgas que a otras cosas peores. Y la taxista, que llevaba sólo dos semanas conduciendo, me dio la razón.

Enrique Montiel de Arnáiz

domingo, 13 de marzo de 2011

EL TSUNAMI EMPÁTICO - LA VOZ (13-03-11)

EL TSUNAMI EMPÁTICO

El otro día leí que el último éxito en ventas era un libro de ciento y pico páginas, totalmente en blanco. El recuerdo me asaltó cuando pensé cómo podía expresar el sentimiento que me producía el terremoto de Japón. Quisiera hacer un artículo totalmente en blanco, vacío de palabras y pleno de contenido, ante la tragedia nipona. Las primeras imágenes que nos llegaron -vídeos caseros, chateos de Internet- no presagiaban lo que posteriormente acaecería: noventa mil desaparecidos, más de mil muertos. Un desastre absoluto y total. La locutora del telediario que narraba lo ocurrido en el primer seísmo decía que los ciudadanos japoneses estaban bien entrenados contra los terremotos y tsunamis y que conocían y cumplían el protocolo al dedillo: primero habían de resguardarse debajo de las mesas y luego debían salir de los edificios a toda prisa, huyendo de los ascensores y los espacios cerrados. Así, la pantalla de televisión mostraba una muchedumbre asustada, armada de móviles de última generación que aún no han llegado a nuestro país, deambulando por las calles con el rostro crispado por la preocupación y el miedo.

Al día siguiente de tan anecdótica oscilación de edificios y personas el horror nos lo encontramos en grandes titulares, los periódicos nos avanzaban el desastre y nos iban preparando para todo lo que aún había de venir. O sea. Centrales nucleares con “mínimas filtraciones”, una economía en recesión absoluta, miles de muertos y desaparecidos, olas gigantes que avanzaban hacia las costas californianas.

Me decía un amigo el otro día, mientras íbamos (aburridos) en coche por autovía (a 110), ante mi pasividad con el conflicto libio, que no era nada empático. Le expliqué que me solidarizo con toda esa gente que sufre dictadores de opereta en repúblicas bananeras (muchos de los cuales han sido votados y apoyados por esa misma gente durante décadas) pero que ahora mismo me importa más que nuestros políticos hallen el remedio para relanzar la economía y estabilizar España y sus instituciones, en clara degradación, para que yo, en ese punto, pueda pagar mi hipoteca, dar a mis hijos un hogar, una alimentación adecuada, una educación en valores ético-morales, cumpliendo con el “primum vivere deinde philosophari”.

Y más aún cuando una lengua de agua sin sentimiento ni empatía nos demuestra que no somos nada sino polvo, más polvo enamorado. Cuando todas nuestras preocupaciones, provocadas por políticos corruptos o inútiles, por bancos abusivos, por explotadores laborales o por nuestra propia inmadurez para dirigir la vida, pasan a un segundo plano. Cuando eres japonés y hay que correr para huir de una tromba de agua, para salvar a tus hijos y tu misma vida. Sin un segundo para colgar la foto de tu propia muerte en el tuenti. Entonces, en lo último que piensas es en la empatía.

Enrique Montiel de Arnáiz

domingo, 6 de marzo de 2011

MIGUEL SEBASTIÁN (La Voz - 6 de marzo de 2011)

MIGUEL SEBASTIÁN

Suena en Mezzo el “Don´t worry, be happy” adaptado a las cadencias brasileiras por un buen grupo en el festival “Jazz à Vienne” de Lyon, con un anfiteatro repleto de gente que no conoce a Miguel Sebastián, ni le importa. Yo tampoco lo conozco personalmente y tampoco es que me importe pero voy a hablar de él porque está siendo la voz cantarina en esta época del post-zapaterismo. La primera vez que escuché su nombre fue en las elecciones a la alcaldía de Madrid, en las que se enfrentó a Ruiz-Gallardón. En un momento de la campaña aludió, insinuó, maldijo, respecto a la presunta relación del rival con una señorita, al parecer imputada en el “Caso Malaya”. Me pareció una jugada fea y sucia por lo que desde entonces me apunté el nombre de este afamado profesor (en excedencia) de Fundamentos del análisis económico de la Complutense, hoy ministro de algo.

Pero le perdí la pista. Parece ser que volvió a la Universidad, que lo acogió con los brazos abiertos. Y llegaron los brotes verdes (a sensu contrario). Y el Presidente Rodríguez lo llamó a filas. Y seguí perdiéndole la pista; hasta hace pocos días no sabía lo que hacía con su cartera. Fue entonces cuando el artículo de la semana pasada y el límite a los 110 kilómetros por hora que se le ocurrieron a Rubalcaba, dicen, yendo en coche al “canutazo” (Pepe Contreras dixit). No sé bien qué incidencia concreta tuvo ahí Sebastián pero salió en los periódicos, afloró a la vida. Se transfiguró ante las críticas de Fernando Alonso, conductor de automovilismo y uno de nuestros deportistas más importantes e internacionales, que dijo que en autopista, a esa velocidad, uno se quedaba dormido. Le salió ahí la vena chirigotera a Sebastián y soltó un “bastinazo”: en UK la velocidad máxima son 110 también y Hamilton no se queda dormido. Qué arte, Migué, que arte, picha, tirarle con bala a nuestro mejor conductor. Y el que no diga olé que se le seque (el brote verde de) la yerbabuena.

Y sin darse cuenta de que cuando habla sube el pan y que estamos en período de ahorro energético y panificador, Miguel Sebastián ha venido ahora a imitar las técnicas de Mourinho al sacar a la palestra la hipocresía y el nacionalismo catalán del FC Barcelona. Según dice, este club se negó a aparecer en una campaña del Ministerio de Turismo que tenía por lema “Visit Spain, visit Barcelona”, con imágenes del laureado equipo culé. ¿Qué el Barça se niega a ser imagen de España? ¿Que no se sienten españoles? Eso no me lo puedo callar, diría muy en su línea el prudente profesor Sebastián. Con la que nos está cayendo.

Enrique Montiel de Arnáiz