ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

sábado, 28 de septiembre de 2013

CÓMO CAMBIAN LOS TIEMPOS.... 2008


VIVIENDA DIGNA


La Audiencia Provincial de Sevilla ha confirmado la multa de 120 euros para cada uno de los dos manifestantes que interrumpieron, reivindicando una "vivienda digna", el discurso pronunciado por el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, el pasado Día de Andalucía en el Teatro de la Maestranza.
Fuentes del caso explicaron a Europa Press que la Audiencia sevillana ha desestimado el recurso de apelación que los condenados por una falta de desórdenes públicos interpusieron contra la sentencia del juzgado de Instrucción número 7 de Sevilla que les imponía a cada procesado cinco días de localización y una multa de 20 días a razón de seis euros diarios.
El juez instructor entendió a la hora de fijar la condena que F.M.S. y L.M. no actuaron de forma correcta, de manera que la protesta en el citado acto, tal y como defendió el fiscal en la vista oral celebrada en abril, "no es la forma más adecuada para llevar a cabo una reivindicación". El letrado de la defensa había solicitado la libre absolución de sus clientes "teniendo en cuenta el derecho a la libertad de expresión", ya que, a su juicio, "no hubo falta de respeto porque no hubo insultos, sino disconformidad con la política de vivienda actual".
El día del juicio, varios vecinos de la calle Guadalcanal se concentraron en la explanada de los juzgados en señal de apoyo a los dos jóvenes que irrumpieron en el patio de butacas del citado teatro portando una pancarta en la que se podía leer 'Por una vivienda digna. No al desalojo' y reclamando el "derecho de acceso a una vivienda de los jóvenes".

jueves, 26 de septiembre de 2013

EL CAMBIO DE HORA

He estado pensando en lo del cambio horario y lo cierto es que me resulta esperanzadora la medida que nos aunará al huso horario de Greenwich. Las repercusiones de esta medida podrían adivinarse en diversos lugares. Una amplia mayoría política ha aceptado esta votación (cuando PSOE se ha abstenido es que está de acuerdo con lo propuesto por el PP).

Al margen del factor ahorro económico x luz solar y sus repercusiones en la conciliación de la vida profesional con la familiar, creo que ahondará e implementará la racionalización de los horarios laborales. 

Es cierto. Los españoles nos regodeamos de trabajar 10-11 horas sumando las jornadas partidas de mañana y tarde (y hasta noche, en algunos casos). Frente a otros países en los que a las 17.00 horas el trabajador esta ya en lo redondo de la calle pudiendo cuidar a la familia o a sí mismo; en España cuesta entender esa filosofía laboral. ¿Estamos empezando a dejar de ser unos masoquistas laborales para comenzar a ser realmente eficientes y competitivos? Esperemos que sí. De una vez.

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL LEÑADOR DE UTAH (LA VOZ DE CÁDIZ - 4-09-13)



Una vez fui famoso de televisión. O dos. No me llevaron a un plató a pelearme con nadie, ni a hablar de mi libro, como Umbral. Lo fui a traición. Principios de octubre de 2009. Había ido con Raquel y Pablo al partido de NBA Europe que disputaban Real Madrid y Utah Jazz. No hablaré de cómo gané el concurso de baile en el centro del campo ante diecisiete mil personas. No insinuaré que el vídeo de la retransmisión de Canal+ está colgado en youtube. No renegaré de quien se equivocó de botón y no grabó mi striptease. Pero sí confesaré que Antoni Daimiel se preguntó, viendo mi talla vikinga, si era español o yankee. Dijo que parecía un leñador. Concretamente, un leñador de Utah.
Habíamos quedado esos días con una pareja de amigos con los que visitamos un decepcionante Warner Bros Park. Al día siguiente, fuimos al centro comercial de Madrid; el oso y el madroño, ya saben; la FNAC. Soy capaz de vagar durante horas por un sitio que aúna todos mis gustos: literatura, cine, música y tecnología. Allí compré una novela de Carlos Salem –que aún no he leído– llamada ‘Pero sigo siendo el Rey’, que acababa de salir a la venta. Decía, detrás: «Juan Carlos I de Borbón ha desaparecido dejando sólo una nota tras de sí: ‘Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad’».
Salimos ansiando un Starbucks para tomar un gigantesco café aderezado con canela y caramelo cuando, por sorpresa, fui asaltado por una joven de cabellos rubios. La acompañaba un cámara que portaba un equipo de grabación con una pegatina de Telemadrid. «¿Qué opina de que Barack Obama haya recibido el Premio Nobel de la Paz». En ese micro (o nano) segundo que tarda la mente en procesar la pregunta, superar el nervio de ser grabado, valorar la respuesta –previo acopio de datos y probabilidades–, llegué a la conclusión de que aquello tenía que ser una broma. El típico programa de humor de las cuatro de la tarde que explota la espontaneidad de los incautos. Como si estuviera en Matrix, razoné a velocidad de la luz mientras a mi alrededor todo quedaba congelado: Obama llevaba apenas un año como presidente de los EE UU, era todo demasiado prematuro. Improbable. Y me lancé a la piscina. Sin agua.
«Es totalmente imposible que Obama haya recibido el Premio Nobel de la Paz. No tiene méritos suficientes cuando ni tan siquiera ha cerrado la cárcel de Guantánamo». La reportera se solazó y su sonrisa heló mi corazón. «Muchas gracias. Hoy sale usted en el informativo de las nueve». Y se fue, para mayor ridículo del Leñador de Utah. Y pasaron cuatro años: Siria. La venganza tarda lo que tarda, sólo hay que saber esperar. Y por eso, querida reportera que desgraciadamente quizá hayas sufrido un ERE, mi realidad ha superado tu ficción. Lo del premio era una cortina de humo. Entérate: un presidente de los EE UU no es progre ni facha, ecologista ni pacifista: es un comandante en jefe. Y el Nobel de la Paz, una campaña de marketing. O no. Feliz Navidad.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130904/local/lenador-utah-201309040724.html

EL LEÑADOR DE UTAH - YOUTUBE

PINTURA NEGRA (LA VOZ DE CÁDIZ - 28-08-13)



Melenas grises, algo salvajes pero no alborotadas. Los ojos excesivamente abiertos; dos cuentas negras sobreexcitadas en una mirada eterna, como señalando el terror que le provoca la instantánea concepción de lo que estaba haciendo. Sus manos callosas y venadas sostienen el semicuerpo blanco y cuadrado del hijo devorado. Admiro esa mirada de un caníbal con conciencia, destrozado el alma que algún día tuviera, mientras su fauce abierta y rectangular se alimenta del brazo izquierdo de la víctima. Saturno o Cronos, lo mismo da. El óleo sobre revoco trasladado a lienzo que ejemplifica el Romanticismo fue pintado por Francisco de Goya hace menos de doscientos años, entre 1819 y 1823. Mil siglos antes, en 1637, el flamenco Pedro Pablo Rubens nos mostró también al más joven de los Titanes, totalmente desnudo, sujetando la hoz que recuerda aquella con la que castró a Urano, su padre. Su cabello es ralo, empezando a flaquear, y una barba descuidada se funde con el cuerpo tierno, pleno de lorzas, de su hijo. Mira el niño al infinito, la boca abierta, sin comprender lo que han llamado la violencia ritual, que no es sino la línea recta consanguínea del asesinato. Saturno mató a Urano y fue muerto por su hijo Zeus, tragado como piedra suministrada por Rea. Luego, Zeus se convirtió en el rey de los dioses del Olimpo. Y el destino se hizo.
Goya y Rubens pertenecen a movimientos pictóricos diferentes y se nota en su concepción mental de la filifagia. El de Goya parece un loco arrepentido mientras que el de Rubens muestra odio en el mirar y certeza en el morder: va al corazón, quizá para alimentar al negro corazón, que ha de faltarle. Porque esa es la clave: el motor sanguíneo debe estar podrido, enfermo, endemoniado. No se puede comprender tanto dolor que provoque matar lo que uno quiere más que a sí mismo y, más aún, devorarlo para hacerlo propio, mecerlo en el vientre que digestiona. La mente centrada no comprende lo que tantas veces ocurrió en nuestra historia: hombre mata a hombre. Padre a hijo, hijo a padre. Veíamos a Bretón y queríamos afilarlo por la katana hace poco; hablamos en su día del violencio de génera y, también, de quién daña al hijo para destruir al progenitor no custodio. Pero esta vez los timbres de la campana que anuncia el fin del combate resuenan más cerca, espeluznantes, como un martinete que consume nuestra inteligencia.
Y leo la triste y magnífica crónica que publican Silvia Tubio y Pilar Solís y –supongo que será el cante que tengo de fondo, que dice: «No preguntes por saber que el tiempo te lo dirá, que no hay cosa más bonita que saber sin preguntar»– se humedecen mis ojos con lágrimas ajenas; las lágrimas de la empatía ubícua. Las que surgen por pensar que la atrocidad la cometo yo, ansiando conocer y comprender –hace mucho que no leo a Freud– qué puede llevar a un hombre a cercenar el futuro de lo que más quiere. Esa es la pintura negra, que enluta nuestra mente, la que de por sí prefiere olvidar que algún día devoraremos a nuestros padres, hijos y espíritus santos.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130828/local/montiel-201308280818.html

LLAMADME CALOR - LA VOZ DE CÁDIZ (21-08-13)


Qué caló ni calé. A cualquiera le llaman calor. Un minero de tez amarillenta vestido al modo ignífugo, los cabellos pardos, sus orejas taponadas por auriculares de la Marvel (serigrafiado en ellos el Wolverine clásico que peleó con Hulk la primera vez, en Canadá), sudando en una cueva subterfúgica donide, pico y pala mediante, respira grisú y devuelve dióxido de carbono. O monóxido. Eso es la calor. Superhéroes de verdad y no Zuperman: tipos de pelo en pecho que curran en agosto y se pasan la ola ke ase de calor por el triángulo de las bermudas, para pagar sus letras a la financiera. ¿Qué son cuarenta grados al sombrajo comparados con cuarenta pájaros rondándote morena por los vericuetos de la letra pequeña de tu impagado préstamo hipotecario? Remedan la escena de Alfred –no el eterno mayordomo de Batman y Batman Returns, sino Hitchcock– donde el techo de la casa de madera está pintado de cuervos que observan y esperan, inmunes a la epidemia zombie, a su rubia víctima.
Calorcito, el que le dan al Otto Octavius de Cádi los fan-boys, fan-girls y fan-equis: que si existe o no la graphic novel, que si Beyoncé está más apetecible de mujer X (Tormenta) o de tormenta X (Mujer). Discusiones tramontanas que promueven el astío vacacional de los maestros con wifi (y los en libertad con cargos). ¿Ensartaría Green Arrow entre los ojos y sin dudarlo a ochenta metros (542 pasos por la arena de la playa del Castillo) a Fabián Picardo, primo segundo linense de los Picardo cañaíllas, abastecedores de tortillitas de Camerons en la Venta de Vargas? «Déjalo Green, no merece la pena», le dicen, perdonavidas, Melkart y Drac de Ferro al arquero.
La clave contra los espejismos del desierto está bajo llave y se llama John the Ripper (no hay tanta formalidad como para tutearlo Jack): vivamos atque amemus, Mea Lesbia, los amores acuáticos de la piscina comunitaria. Y después, fresquitos el corazón y la mente, aseados, peinados, perfumados incluso, vayan a Santa Lucía a cenar pero, al no haber reserva hasta septiembre de 2017, siéntense mejor en la terraza del gastro-bar Las Delicias de Vejer y respiren el pijoflaútico aroma a incienso, nuez moscada y azahar mientras tatakitean.
La calima pasa, cual cóndor, poco a poquito, como bien decía el Sacerdote a Indiana Jones: «Ca-li-ma... Ca-li-ma»; mientras le sacaba el corazón del pecho (sin romper la camisa, oiga) en la sublimación del carterismo étnico. Y cuando menos lo esperábamos, John the Ripper Snow nos dice lo único que aprendió de su decapitado padre: «winter is comming» (je ne pas comprender) y los ardores nos suben de las gónadas a las glándulas suprarrenales pensando en el ideal bucólico de nuestra oficina: la mesa repleta de carpetas repletas de folios repletos de tachones. Y, entonces, –final asistencial– @Baticadiz despierta de su letargo y lee el wassap de @AbeInfanzon: «esta comparsa es malísima. Me voy a dormir», siendo consciente en ese mismo instante de que el infierno se había convertido en invierno mientras soñaba que fuera verano. Again.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130821/local/ultima-201308210914.html

EL ENMERDECEDOR (LA VOZ DE CÁDIZ - 14-08-13)


Desde 2008 tengo empadronado entre los habitantes de mi biblioteca un volumen que debe pesar unos dos kilos; o sea, que es bueno. Lo escribió Pancracio Celdrán Gomariz y lo tituló ‘El gran libro de los insultos’ (Tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles). El libro tiene calidad hasta en su prefacio, en el que Forges se dio el gusto de inventar nuevos improperios «para incrementar el acervo insultar colectivo». Destacan voces como ‘consejero delegado’, ‘tertuliano’, ‘concejal de urbanismo’, ‘sombrerero de la Reina de Inglaterra’ o ‘cineasta hispano’ y otras, más intrépidas, como ‘cabronoide’, ‘vicerrector’ o ‘enmerdecedor’ que, sin lugar a dudas, es mi favorita (seguida de cerca por el sombrerero, que tiene un halo ‘Aliciesco’ que me devuelve a la infancia de la que en realidad nunca partí). Habría de hacerse un análisis etimológico de la citada invectiva, algo así como: ‘Enmerdecedor’ (Del lat. ‘merda’). 1. Interj. vulg. Dícese de aquél que mancha de heces cuanto toca. Ensuciador de toilettes y roulottes. Conspicuo conspirador maledicente. Audiovisual bloguero zaheridor de senadores. Turuleque.
El insulto, como elemento histriónico e histórico, tiene múltiples categorías (kantianas), excelsos especialistas, páginas y páginas por rellenar y rellenar con nuevas y nuevas fórmulas al pertenecer a nuestra intrínseca personalidad; de lo primario que puede haber en lo agresivo, lo soez, lo celotípico que anida en nuestro vientre, donde estoy seguro que reside lo conductual. Encontramos varios tipos de injurias: la callada o susurrante, la explosiva y directa, la epistolar –de la que hemos disfrutado todo lo largo de la literatura universal– y la referida a través de red social.
Hemos descubierto a un auténtico y forgiano enmerdecedor, autodenominado ‘Karlos Puest’. Tiene voz aguardentosa, como de inquilino de tasca u okupa de peña carnavalesca. Su desparpajo y rapidez de lengua pudo ser simpático inicialmente, cuando criticó algunos monumentos de la capital, pero confieso que nunca me hizo pizca de gracia porque el engreimiento del monologuista –cómico o dramático– lo tengo contraindicado por la tensión. De hecho, recuerdo que cuando reproduje uno de sus vídeos por primera vez –luego, sólo he visto el del llamado ‘oligarca’ Pepe Blas Fernández- tuve que apagarlo a la carrera porque entró en la habitación mi hija pequeña y no quería que disfrutara del duro verso del protestante gaditano. Éste se justifica diciendo que no pierde la razón por sus -malos- hablares, como si la razón la llevara incluida de fábrica.
Me apena la imputación y posterior no declaración policial de quién, al salir de Comisaría, se resignaba diciendo que todo había pasado porque debía haber mandado a tomar por culo a alguien demasiado lejos (ahí sí estuvo fino). Este indignado vulgar, en vez de afiliarse a Manos Limpias o a la APDHA, se ha dedicado a insultar a quien no le gusta, como troll en foro, protegido por su anonimato. La denuncia del senador lo ha filiado y el propio Puest ha hecho públicos sus datos privados en otro vídeo, por lo que se arriesga no sólo a recibir nuevas querellas, sino a que otro que entienda la justicia igual que él le parta la cara, por enmerdecedor.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130814/local/ultima-201308140826.html

Y la polémica que generó el artículo en el blog de Fernando Santiago:

http://blogs.grupojoly.com/con-la-venia/2013/08/14/karlos-puest-por-enrique-montiel-de-a/


NO ME APETECE (LA VOZ DE CÁDIZ - 7-08-13)


Me pide mi amiga Amelia que escriba sobre el problema en Gibraltar. Compartió conmigo un vídeo en el que aparece un barco inglés en la bahía de Algeciras arrojando bloques de hormigón al mar, mientras un pesquero español se mantiene en las aguas a riesgo de perder el alma y un patrullero de la guardia civil deambula con prisas, de un lugar a otro, sin alcanzar un destino. Investigo un poco y veo los trescientos veinticuatro comentarios de la publicación donde interviene gente como Almudena Stuart, Shane Moreno o Daniella Caruana. Algunos insultan, otros justifican. Me hacen perder todo el interés. Luego leo las noticias sobre el Ministro Margallo y el enésimo choque, las largas colas con altas temperaturas, la amenaza de cobro de tasa, el fantasma del nuevo cierre de la verja, el silencio de la alcaldesa de La Línea, los políticos socialistas enfadados porque se hable de esto y no del marido de Cospedal, y me digo: «Lo siento, Amèlie, hoy no me apetece».
Tampoco quiero hablar del casi extinto Trofeo Ramón de Carranza, degradado hoy a entrenamiento de pago, donde otrora compitieron grandes genios del balompié como Puskas, Gento, Di Stefano, Pelé o Mágico. Habré ido unas cinco veces en mi vida pero por muy flojo que fuera el cartel siempre había un aliciente: ver a un jugador del que se hablaba bien, cantar en la grada o cruzar en verde la Avenida en dirección a la playa limpia donde, al anochecer, los gaditanos bajan los tresillos de sus casas para hacer más cómodas las tertulias al calor de la barbacoa. También había quien se pasaba, y mucho. Botellones y peleas –aún recuerdo cuando, por un pinchito moruno, uno que hoy es portero de pub le partió la nariz a otro que hoy es Administrador de Fincas–. Hace tiempo que perdí la ilusión por ir a la barbacoa del Carranza -que se supone finiquita el verano un dos de agosto- cargado de chuletitas de cerdo y chorizos criollos, con un barreño de sangría y mi botella litrona de batido de vainilla. Ni aunque volvieran a ligar las dos guapas muertas de hambre con mi amigo Antonio MH a cambio de brochetas me apetecería comentar esto.
No deseo hablar igualmente de Inmaculada Michinina y su vídeo de youtube. Y eso que me gustó su eslogan, dirigido a los integrantes del pleno del Ayuntamiento de Cádiz, ése del «Déjennos tener dignidad». Habló la mujer con sentimiento, con un lenguaje áspero que salió del corazón de la que han denominado «portavoz de vendedores sin licencia del mercadillo de El Baratillo». Que tenga razón es otra cuestión. La lágrima y el vello de punta no deben discriminar. Y respetando muchísimo a la señora Michinina tengo claro que todos los que desde la oposición la han utilizado como crítica del «Teofilato» se lanzarían con un alfanje –a lo Pedro Cabrón– contra ella y la propia alcaldesa si se la subiera en la lista de espera y le concedieran la licencia que tan fervientemente solicita. Por eso, tampoco me apetece hablar de Michinina.
De lo que sí me apetece hablar hoy es de la libertad de expresión y de prensa, pero se me ha acabado el espacio y, si me paso, Rocío Vázquez me reñirá. Así que.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130807/local/ultimaa-201308070836.html

EL VERANO DE IGNACIO (DEL BLOG DE MI PADRE)


Se va el verano de Ignacio. De Ignacio Bustamante Morejón. También será el verano de Paco y Esperanza, de Rosa y Antonio. Al oído digo que también ha sido el verano de un joven que no era de aquí pero que acababa de vivir muy feliz la Feria del Carmen con su novia. De aquí. Hija de unos muy buenos amigos míos. Digo que he vivido muertes muy dolorosas, desde pronto. Vivir mucho tiene eso, ineludiblemente. O sea, que debía estar preparado para la muerte de Ignacio. No lo estaba. Cuando lo supe no lo dudé, no pensé en el toda la vida que hacía que conocía a Ignacio, mi vecino de la calle Rosario, mi amigo siempre crítico y amable, el cañaílla más cañaílla de su generación. Lleno de bondad, de silencios, de amables miradas desasosegadas sobre el presente y el futuro de su ciudad más amada, la nuestra...Y de sonrisas. Inmediatamente pensé que La Isla, sin Ignacio, era peor. Estoy convencido.

El verano de 2013, el año en que volvieron las Cortes a La Isla, ya será el verano de ese maldito accidente en la curva de Angrois. Ignacio y Pepa, Esperanza y Paco, Rosa y Antonio, con su hija, eran peregrinos en un tren. Iban a vivir el esplendor del Día del Santo, el Patrón de España. Sol en la plaza del Obradoiro y todo dispuesto en el interior de su maravillosa catedral de piedra vieja. Para Ignacio y sus amigos, también peregrinos. Las imágenes de la carrera desbocada de ese tren nos heló las sangre a todos, paró en seco a España. Sin saber que iba Ignacio. Con sus amigos buenos. Cuando empezaron a llegar las noticias... Pero no debemos quedarnos en ese día aciago sino en todos los días sucesivos en los que Ignacio estuvo con nosotros, los mil días que lo vimos sonreír y lamentarse, dolerse de su pueblo, que bien saben todos cuánto amaba. Y engloriarse de su Virgen pastoreña por las calles de La Isla. La Gracia de Dios y la Esperanza nuestra lleva por nombre.

... Tengo un nudo en la garganta. Todavía. Yo quisiera decir en las palabras de este artículo, si pudiera, quién fue este hombre pecoso, vivaz, inteligentísimo, honrado a carta cabal, ciudadano ejemplar, estudioso y amigo. Es que por lo menos su ejemplo no debería desaparecer de la Isla, como desaparecieron las huertas, los esteros, las salinas, las esplendorosas y modestas, enjalbegadas, primorosas, casas isleñas. Testigo del derrumbe de tantas cosas, sufrió mucho viendo el hollín, la herrumbre de su pueblo, el hundimiento de sus fábricas... Y lo que llegó a ser la Política local. Sobre todo tras el robo de la Caja Municipal, que tan directamente le afectaba.

Se va el verano de Ignacio, el último verano de Ignacio Bustamante Morejón entre nosotros. Y de Paco y Esperanza, de Antonio y Rosa. También el del novio de esta isleña todavía desconsolada. Sé que se va todo, es la regla sin excepción, por eso este denuedo de la huella, esta esperanza de que lo noble, lo sencillo, lo necesario y bueno, como el amor de Ignacio a su pueblo, constante y fiel durante más de 50 años, no se vaya nunca. Esto quería decir, lo mucho otro lo tengo aquí guardado en mi corazón.

http://enriquemontiel.blogspot.com.es/2013/09/el-verano-de-ignacio.html


IGNACIO BUSTAMANTE (LA VOZ DE CÁDIZ 31-07-13)


Hace diez años subí a un tren con destino a Galicia. Había pagado un coche cama pero no conseguía dormir. En los pasillos, postergados, descansaban como podían varios peregrinos. Alguno hacía trampa, decía, porque se bajaría a veinte kilómetros de Santiago de Compostela y continuaría andando. Era el Xacobeo ´03. Me dirigí a la zona de asientos armado con mi walk-man –tenía el ‘Pornographity’ de Extreme en la cara A– y la novela gráfica (Rafael Marín rasgándose la camisa) de Batman, ‘El retorno del señor de la noche’. El mecer del trayecto, música y superhéroe consiguieron caerme dormido. Al rato se escuchó un golpe y el tren frenó en seco. Las luces se apagaron y la gente miró con preocupación sus relojes. Levanté y fui a curiosear. Una revisora dijo: «Un suicida ha saltado a la vía». Reflexioné sobre la fragilidad de la vida durante las tres horas que tardó en llegar el juez. El hombre había dejado de serlo para convertirse en un cadáver que levantar reposando entre hierros a ocho kilómetros de Ferrol, donde la abuela Fina, mi madrina, me esperaba en la herrumbrosa estación de RENFE.
Hace diez días me llamó un número de veinte cifras. Suele ser un funcionario del Juzgado o una mala noticia. Era otro funcionario, al que conocía desde niño. Me echó la bronca por una minuta de honorarios presentada pasado el plazo (el interventor municipal no iba a autorizar su pago). Con tono paternal y cariñoso me dijo que pasara por su despacho, a ver cómo podíamos arreglarlo. Unos días después fui a su oficina pero acababa de salir cinco minutos antes. Volvería a buscarlo el jueves. Ese señor que me abroncó se llamaba José Ignacio Bustamante Morejón y viajaba en el derrapado tren de Angrois.
En la época en que Fernando Miranda y otros valientes sacaban periódicamente el Mirador de San Fernando, mi padre me llevaba a su imprenta y, entrando, en el pequeño cuartito de la derecha, visualizo el afable rostro, pecoso, de Ignacio Bustamante, llevando unas pequeñas gafitas. Fue en el Mirador donde conocí la vieja disputa existente entre los Montiel y los Bustamante, vecinos de la barriada de Requetés de España de San Fernando. Un tal Enrique Montiel Sánchez, armado con una carabina de balines había disparado a un gato propiedad de otro tal Ignacio Bustamante. Las versiones cambiaron con los años (el minino era una veleta o un animal vivo) pero la amistad permaneció.
El día del accidente destrocé en el sofá, adivinando el creciente número de víctimas, sobre todo al saber que un vagón estaba calcinado. Veía las dos Españas mostrarse una vez más: la cobarde y rastrera que culpa políticamente al otro y evade responsabilidades y la caritativa y buena, que desborda de donaciones de sangre los hospitales y se remanga entre hollín y sudores para prestar ayuda a los supervivientes. Como diez años atrás, no pude conciliar el sueño esa noche: horas después mis padres habían de salir de viaje en el mismo tren con la misma dirección. Luego me enteré que Bustamante iba allí, su muerte y la de otros cuatro isleños queridos y conocidos. Me descompuse. Escribí a mi padre, camino de la vía donde se zambulló aquel suicida de mi infancia, y le requerí que narrara con su magia única la historia del gato de Ignacio en su columna. Contestó: «Escribiré cuando de mis dedos no puedan salir lágrimas... sino vida, recuerdo vivo».

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130731/local/ultima-201307310923.html

KILL BRETÓN (VOL.1) (LA VOZ DE CÁDIZ 24-07-13)


Hacía tiempo que seguía el asunto de los niños de Córdoba. La madre, la cara desencajada, las manifestaciones de apoyo, las eternas búsquedas de los menores por las calles, parques y campos; las grabaciones de cámaras de seguridad, el rostro incólume del perdedor de infantes. La cínica y horrenda casualidad de que la sospechosa finca se llamara Las Quemadillas...
Se negó a ver el circo de las sobremesas y los mississippis: testigos haciendo de tertulianos, sacando tajada (dinero, publicidad o notoriedad) de la desgracia de dos niños de 2 y 6 años. Y de una madre. Luego, o quizás antes, encontraron los huesos que, como en un chispeante truco de magia, tornaron de animales en humanos, y posteriormente en pruebas. La gente se horrorizó, incluso los asesinos. Una cosa es rebanarle el gaznate a un madero y otra matar niños de 2 y 6 años, y más aún siendo su padre. Yo discutía con él en mi mente, le decía: respeta el principio de presunción de inocencia. Él se reía de mí y de mis putos principios en los que nadie confía ya. Le dije que viera una película: ‘La Vida de David Gale’. La protagonizó Kevin Spacey, hoy entronizado en los altares de la televisión como el político sin escrúpulos de ‘Game of Cards’. El profesor Gale fuerza un error judicial a fuer de su vida para demostrar que el sistema de la pena de muerte falla. Y fallando, mata inocentes. Me observó con la cara sin ánima con la que el Arropiero miraría a Daniel Pérez antes de vaciarle los intestinos con unos alicates oxidados. «Eres un iluso», me escupió. Y se dio la vuelta.
Mi amigo, la persona que pensé que era yo, había sido un tipo insulso cualquiera, de los que a veces sufren humillaciones por parte de la vida. Un día, anteayer, leyó una Sentencia: el documento, perfectamente estructurado y narrado, comenzaba en los Hechos Probados y terminaba en el Fallo. Le sorprendió esta formulación tan de otra época porque mi otro yo no es jurisperito, o sea, es igual que yo. Cuarenta años de prisión, seis meses de multa. Él era padre a través de mí, sabía lo que cambia el corazón cuando aparece esa primera diminuta cabecita tintada de meconio, surgiendo del interior de una mujer a la que dices amar (y amas). Decidió entonces arruinar su vida porque pensó que los niños de Córdoba eran sus propios hijos, que el personajillo con voz de duende, el hombre sin párpados, los había calcinado, tras drogarlos, en un horno crematorio que se divisó desde el espacio. Planeó cómo entraría en la misma cárcel que Bretón, cómo conseguiría introducir una katana de Hattori-Hanso sin que lo advirtieran los guardias. Quizá hicieran la vista gorda. La ley de la cárcel, ésa que me han contado que castiga a los pederastas, esperaba al asesino de sus hijos. Veintiún meses de espera.
Se dirigiría hacia él en el patio, el acero oculto a la espalda. La notable diferencia de la estatura de él se compensaría con el entrenamiento militar del otro. Una semicircunferencia de sangre y velocidad. La justicia de la cárcel. Y entonces desperté, mi amigo despertó, y todo seguía igual. Bretón recurriendo la sentencia, la espada en el yunque, la madre esperando que aparecieran salvos los menores, y él con su vacua vida, yaciendo, incorpóreo, en su imaginación.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130724/local/ultima-201307240815.html

ESPAÑOLES A LA ROTEÑA (LA VOZ DE CÁDIZ 17-07-13)


Hoy no me voy a andar por las ramas, iré a la conclusión desde el principio: Admiro el patriotismo de que hacen gala los estadounidenses. No hablo de Obama - «Yes, we scan»- ni de Guantánamo, sino de su falta de complejos al amar su patria y hacerlo público, por encima de modelos federales, autonómicos o de cualquier tipo. Recuerdo el Nueva York del año pasado (banderas tricolores por doquier, controles de seguridad en la zona de las Twin Towers y el himno americano cantado al comienzo de un partido de la NCAA) y mis tres viajes a la Base Naval de Rota, curiosamente relacionados con el baloncesto. Mi primer visita fue por un partido amistoso que disputó el C.B. San Fernando de Alfonso Quirós contra la selección de militares de la Base. Jugaban amigos como Jorge Luna, Fofi Quirós, Pepe Fernando, Julio Torres o Luis Betanzos. El pabellón era impresionante, igual que los que habíamos visto en películas como «He got game», de Spike Lee: un parqué impecable, tableros traslúcidos y un gran marcador vintage. El partido se disputó bajo las reglas americanas, con lo que el arbitraje permitía el «body check», es decir, el juego con el cuerpo. Un gustazo. Ese día había una exhibición de Harriers a la que no fuimos. Perdimos, los españoles, por cierto. Luismi Martín no jugaba con nosotros.
El día que Jareño y Rodríguez-Piñero me autoricen a montar un equipo de baloncesto del Colegio de Abogados de Cádiz mi pívot titular será el portuense Luis Miguel Martín Mesa (pívot, 2’08 metros, casi cincuenta años de edad, por lo menos), una inmensa buena persona que trabaja como letrado en la zona americana de la base militar. El deporte creó nuestra amistad. En octubre nos unimos a su familia –la siempre elegante Sara y Eduardo, el niño que un día será gigante- y, acompañados del profesor Miguel Checa, disfrutamos del día de Halloween yanqui, paseando por entre los setos de las casas de campo de los integrantes de la base, idílicas y prototípicas, con sus jardines perfectamente verdes y los esqueletos, duendes y calaveras colgados en sus porches, mientras nuestros niños gritaban como posesos «trick or treat» para obtener de este modo sus chucherías (americanas también). Luego, cenamos la deliciosa pizza de la Base, acompañada de soda.
Hace unas semanas, volvimos a ir con Luismi y su familia al «Independence Fest», la celebración del 4 de julio que, como saben, se celebra por ser el aniversario de la independencia nacional. Había montada una grandiosa fiesta dentro del campo de béisbol de la Base, con multitud de atracciones infantiles controladas por marines de camiseta ajustada y pantalón corto: eran todo disciplina y amabilidad. Algunos hacían pequeños tatuajes de la «star spangled banner» a los niños, otros vendían hamburguesas de ternera, hot dogs, tacos, granizadas y helados. Al fondo, un cuarteto musical de soldados de la base llamado «Dead Wait» tocaban grandes éxitos del rock de los 90 y, posteriormente, un maravilloso grupo de country-rock llamado «Scarletta» nos hizo alucinar. Nuestros hijos estaban agotados y no pudimos quedarnos a los «Fireworks» o fuegos artificiales. Caminando hacia la salida junto a uno de los pocos abogados que pueden mirarme desde arriba, sentí un poco de envidia. En vez de tanta guerra intestina, ojalá todos los españoles lo fuéramos a la roteña. Y sin necesidad de un enemigo común.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130717/local/espanoles-rotena-201307170752.html

JUECES DE MIERDA (LA VOZ DE CÁDIZ 10-07-13)


Os hacíamos pensar que el problema eran los mercados y la prima de riesgo, la precariedad laboral y el descenso de la tasa de natalidad y os equivocábamos. La crisis que os corroe la han provocado ellos, los jueces y magistrados. Les ha dado por hacer el trabajo por el que les pagáis, con la de sentencias de divorcio atrasadas que hay pendientes de dictar, la de peleas de vecinos que multar, la de abogados que quedan por avasallar. Se han convertido, estos jueces de mierda, en integrantes del star-system de la alta sociedad y, ungidos por la gracia divina del joder judicial, se han sentado en su trono sacro de supuesta equidad. Van a conseguir, entre unos y otros, que se pierda totalmente la fe ciega en el sistema de justicia español, con lo bien que nos lo estábamos montando.
No sé si la historia empezó con la exhumación de Garzón o con Camps y sus trajes, pero, de repente, al populacho le dio por exigir igualdad y justicia, como si eso fuera posible. La juez más sexy de toda Sevilla –o el trolley mejor llevado de la península, según un amigo (socialista)– nos está poniendo patas arriba todo el sistema de mangoneo que teníamos perfectamente marcado y testado desde hace lustros. Alaya, con su carita de reina difunta de Enrique VIII y sus bolsitos de marca, nos está desbaratando el chiringuito porque el cariz que está tomando esto acaba con la imputación de Zarrías y Griñán, y ahí es cuando ya la vamos a tener gorda.
Y el otro magistrado, ese Ruz que tiene nombre de actriz de varietés, no para, tirando y tirando del hilo de Don Luis. Qué decepción, Don Luis, pasarte al bando de Pedro Jota. Y ahora qué, te pregunto. Quién te va a pagar los abogados, quién te va a invitar de nuevo a esquiar en Suiza. ¿Quién? Yo no lo haré. Verás, verás ahora ese juececillo gruñón citando a declarar a Mariano cualquier día de estos. ¡Mientras no llame a Don José María! Esto nos va a costar un disgusto, tanta profesionalidad y tanta leche, que al final se ponen a dimitir y dimitir y tenemos cambio de gobierno por hacer lo mismo que todos.
Y el colmo de los males será cuando absuelvan a José Bretón. Ahí es cuando llegará el San Martín del Joder Judicial. Porque aunque no hayan encontrado los cadáveres de los niños, la sentencia la tienen a huevo. Ese tío usa esencia de culpabilidad; no se puede ir por la vida con ese rostro. Y seguro que algún jurado pichafloja dirá: «oye, que no han encontrado a los niños... como lo condenemos por asesinato y aparezcan los críos nos tenemos que ir del país». Cobardes de tomo y lomo, eso es lo que sois. Condenad a ese fulano y que el pueblo duerma tranquilo con su falsa sensación de justicia. Y dejadnos tranquilos. jueces de mierda. A nosotros, los que controlamos el cotarro, los que vivimos de esto, o sea, de lo vuestro. Los que aún no estamos imputados.