ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

viernes, 23 de abril de 2010

BIENVENIDOS A MI NUEVO DESPACHITO


MONTIEL DE ARNÁIZ - ABOGADOS

San Juan Bautista n.º 11, Local 2

Próxima mudanza en PLAZO INFERIOR A UN MES (S.D.Q.)

domingo, 18 de abril de 2010

MH, EL SÉPTIMO SAMURAI, RECOMIENDA: "SER O NO SER"



¿Alguien más necesita reír?, porque yo lo necesito, y si una risa es necesaria, habrá que acudir a una medicina segura para producirla. Y es que una de Lubitsch siempre es una garantía absoluta de éxito. Hay películas en que uno puede preguntarse si es divertida o no, pero en esta no cabe duda de que lo es, aunque plantee la cuestión de... ¿ser o no ser?.

Breve sinopsis: Polonia, justo antes de la ocupación nazi. Una compañía de teatro prepara una obra sobre Hitler, sin embargo, ésta no prospera y vuelven a representar Hamlet, con sus estrellas Joseph Tura (Jack Benny) y Maria Tura (Carole Lombard). La relación entre Maria y un joven militar admirador, será el desencadenante de la implicación de la compañía en la resistencia frente a los nazis, y es que, quién dijo que no representarían lo que habían preparado sobre Hitler...

Alguno se preguntará qué tiene que ver esto con el título de la película, más allá de que representen Hamlet. Pues es, ni más ni menos, que la señal entre María y su admirador para que éste pueda reunirse con ella mientras su marido interpreta el soliloquio que así comienza, por lo que es fundamental para el desarrollo de la trama, con desternillantes consecuencias.

Una de las películas más divertidas que se han hecho nunca, a pesar de la temática que trata. Precisamente eso llevó a una importante polémica en el momento de su estreno, en el que proliferaban filmes meramente propagandísticos, en loor de las tropas, y es que se dudaba si era oportuno tomarse a pitorreo una amenaza tan seria como la del nazismo. Pero si uno no se ríe de las cosas serias, ¡qué pocos momentos de alegría tendríamos!

Por otra parte, destacar la figura de Carole Lombard, esposa de Clark Gable, una de las actrices más prolíficas de la época y que estaba llamada a ser un hito del cine (si es que no se puede decir que lo es), pero cuya carrera se truncó precisamente porque falleció en un accidente de avión en un viaje que realizaba para promover la compra de bonos de guerra.

Y por último, qué decir de Lubitsch, uno de los padres de la comedia clásica norteamericana que tantos amamos, influencia fundamental para otros directores como Billy Wilder, hasta el punto de que para que una comedia resultara, la cuestión inicial que había que plantearse era, ¿cómo lo haría Lubitsch?. Y es que como ya he dicho, garantía absoluta de divertimento.

Algunos datos técnicos. Título original: To be or not to be. Dirección: Ernst Lubitsch. Producción: United Artists. Productor: Ernst Lubitsch. Guión: Edwin Justus Mayer, sobre un argumento de Lubitsch y Melchior Lengyel. Fotografía: Rudolph Mate. Música: Miklos Rozsa. Diseño de producción: Vincent Korda. Montaje: Dorothy Spencer. Intérpretes: Carole Lombard, Jack Benny, Robert Stack, Felix Bressart, Lionel Atwill, Stanley Ridges, Sig Rumann, Tom Dugan. Duración: 99 min.

Y aquí, algunas escenas de su comienzo...


sábado, 3 de abril de 2010

LA SEMANA ETERNA (LA VOZ 2 DE ABRIL DE 2010)

DOCTOR IURIS

Semana Santa, pasión de Cristo. Con los años que van transcurriendo, segundo a segundo, rápidos y temerarios, uno se va volviendo más propenso al 'ennui', que diría Baroja. La melancolía - «oh, melancolía», Silvio Rodríguez- vuelve siempre por cuaresma como la reposición televisiva de Rey de Reyes. En esta Semana Santa, como en todas las anteriores, veo los niños paseando de la mano de sus padres, llorando asustados frente a los penitentes, haciendo gigantescas bolas de cera, batiendo al aire las palmas con ropajes de hebreos, portando rojos cirios, y me recuerdan a mí mismo. Ese mí mismo vestido de negro y púrpura que salía en Misericordia los jueves santos, delante del Cristo. Con apenas 9 años no tenía la edad mínima exigida por los estatutos de la hermandad pero mi joven padre se había apuntado conmigo y fuimos juntos a recoger nuestras túnicas a un almacén lejos de casa. A mitad del trayecto procesional mi más joven madre intentaba siempre darme roscos de Semana Santa por dentro del capuchón del capirote. Yo me negaba a comerlos. Hacía auténtica penitencia. Con los años dejé de salir.

Vienen a mi recuerdo, también, los paseos con mis padres y con May, Pablo y Guille. Buscábamos la esquina bella, la calle estrecha, la carrera oficial. Íbamos a casa de mis abuelos, donde nos juntábamos con nuestros primos y mirábamos pasar las hileras interminables de penitentes desde el pequeño cierro que nos ofrecía vista de toda la calle. Pienso en mis abuelos, que siguen en esas noches santas dándome catas de jamón serrano, uno, o una moneda de cien pesetas - «para que vayas al cine»-, otra. Luego cambiaron la carrera oficial de sitio. Y mis abuelos se fueron. Y el cierro cerró. Por las noches de algunos días de esta semana eterna mi padre y yo escapábamos juntos, abrigados con vehemencia, a ver recoger pasos imbuídos del aroma del incienso. Visitábamos la casa de Loli y Enrique. Nos daban a probar sus deliciosas torrijas antes de dar el encuentro a la procesión que pasaba por la calle de arriba. Recogida la Virgen, salíamos de la mano bajo la oscuridad de las luces de las farolas apagadas, a buscar a la Caridad por la calle Comedias. Antes de volver a casa, abrigados y con frío, nos reconfortábamos con tazones de chocolate en una cafetería entonces recién abierta, hoy recién en ruina.

Esa es la Semana Santa que revivo cada año. La que hace que afloren los recuerdos y con ellos la melancolía. No es porque aquéllos no sean buenos sino porque pasaron y no volverán, porque nuestro futuro será mañana pasado y sólo quedará esta semana anclada en la memoria de unos tristes afortunados. Esta semana eterna que, como Cristo, siempre acaba resucitando.