ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

jueves, 10 de julio de 2008

BOB DYLAN EN JEREZ

Sentado una parte y la otra a pie de escenario, esperando emociones extrasensoriales, el público (unas 8.000 personas) ansiaba la llegada del gran Dylan. Junto al escenario una gran furgoneta abre sus puertas y aparece Zimmerman, que sube al escenario junto a su banda, cuyos componentes aparecen ataviados con vestuarios típicos de matones de Chicago de los años 30. Bob viste sombrero, botas de punta, chaqueta y pantalón que deja intuir un tronco y piernas enjutas.

Ya desde el principio, Dylan otorga importancia a su banda y sólo entra por detrás de ellos. Bob es inteligente y sabe que ya no está para grandes alardes, y focaliza la atención del personal, deseoso de verlo a él, en su grupo (que da una auténtica exhibición). Es una forma también, de agradecer a la, en términos genéricos, banda eléctrica, lo que para él supuso su unión con The Hawks, The Band o la Rolling Thunder Revue. A continuación, Dylan se sitúa en posición diagonal al público, pose que no abandonará en todo el concierto. Muy importante, dado que explicita pocas ganas de comunicarse con el público, postura adaptada por Bob Dylan hace muchísimos años, desde que obtuviera la negativa del público y su falta de entendimiento cuando Bob electrificó su banda. Así, el de Minnesotta se situó a los teclados, lejos del deseo del público de que tomara la guitarra. Hace más de cuatro décadas que para Bob fue necesario quitarse el escudo que suponía para él la guitarra, y que no le dejaba afrontar la realidad del escenario.


El concierto presentó un repertorio espléndido, de canciones mayoritariamente de los últimos discos, a excepción de un par de temas, entre los cuales estaba el deseado por muchos "Like a Rolling Stone", que cerró el concierto, (como ocurrió en Madrid, en el Rock in Rio), con un toque nuevo, adecuado a la banda, interpretada y reinventada, como sólo Dylan sabe hacer cada noche.
Todo lo que antecedió al mítico tema, fue verdaderamente glorioso. La magia que se respiraba en el estadio olímpico de Chapín, estaba bien fundada. El rhythm´n´ blues, el country, el folk eléctrico, rock´n´roll de un nivel encomiable, y unas melodías típicas del lejano oeste, todo ello aderezado con pequeños homenajes a los ritmos regggae y gospel, no hicieron sino homenajear lo que ha sido la carrera de Bob Dylan. Fue un maravilloso recopilatorio, no de clásicos, sino de ritmos, melodías y circunstancias. Fue un presente a su carrera, a su música.


El mejor momento para mí, supuso cuando en la segunda canción, Dylan tomó la armónica y nos deleitó con su gran habilidad, al alcance sólo de los grandes bluesman de los años 40 y 50. Fue realmente emocionante, y me hizo cerrar los ojos y pensar, estoy escuchando a Dylan tocando la armónica. Todo el universo se llenó de su musica, de sus sentimientos.


Me encantó también apreciar en cada canción la forma en la que Dylan ataca las palabras, que parecen esperar en el aire a que él las escoja, y las invite a bailar con el viento. Y esos momentos en los que mascullaba sonrisas en la pronunciación de dichas palabras.... realmente hermoso... me aterraba estar allí, delante de aquél gran dinosaurio, de la leyenda viva, del gran poeta y músico del siglo XX. Del músico honesto que ayer , otra vez más, fue él mismo, interpretó la música que le nace del corazón, no lo que mucha gente esperaba, y que pasó por la provincia de Cádiz como lo que es: una de las principales referencias de la música y poesía modernas.


Ojalá dures siempre, Dylan.

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