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domingo, 22 de septiembre de 2013

EL ENMERDECEDOR (LA VOZ DE CÁDIZ - 14-08-13)


Desde 2008 tengo empadronado entre los habitantes de mi biblioteca un volumen que debe pesar unos dos kilos; o sea, que es bueno. Lo escribió Pancracio Celdrán Gomariz y lo tituló ‘El gran libro de los insultos’ (Tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles). El libro tiene calidad hasta en su prefacio, en el que Forges se dio el gusto de inventar nuevos improperios «para incrementar el acervo insultar colectivo». Destacan voces como ‘consejero delegado’, ‘tertuliano’, ‘concejal de urbanismo’, ‘sombrerero de la Reina de Inglaterra’ o ‘cineasta hispano’ y otras, más intrépidas, como ‘cabronoide’, ‘vicerrector’ o ‘enmerdecedor’ que, sin lugar a dudas, es mi favorita (seguida de cerca por el sombrerero, que tiene un halo ‘Aliciesco’ que me devuelve a la infancia de la que en realidad nunca partí). Habría de hacerse un análisis etimológico de la citada invectiva, algo así como: ‘Enmerdecedor’ (Del lat. ‘merda’). 1. Interj. vulg. Dícese de aquél que mancha de heces cuanto toca. Ensuciador de toilettes y roulottes. Conspicuo conspirador maledicente. Audiovisual bloguero zaheridor de senadores. Turuleque.
El insulto, como elemento histriónico e histórico, tiene múltiples categorías (kantianas), excelsos especialistas, páginas y páginas por rellenar y rellenar con nuevas y nuevas fórmulas al pertenecer a nuestra intrínseca personalidad; de lo primario que puede haber en lo agresivo, lo soez, lo celotípico que anida en nuestro vientre, donde estoy seguro que reside lo conductual. Encontramos varios tipos de injurias: la callada o susurrante, la explosiva y directa, la epistolar –de la que hemos disfrutado todo lo largo de la literatura universal– y la referida a través de red social.
Hemos descubierto a un auténtico y forgiano enmerdecedor, autodenominado ‘Karlos Puest’. Tiene voz aguardentosa, como de inquilino de tasca u okupa de peña carnavalesca. Su desparpajo y rapidez de lengua pudo ser simpático inicialmente, cuando criticó algunos monumentos de la capital, pero confieso que nunca me hizo pizca de gracia porque el engreimiento del monologuista –cómico o dramático– lo tengo contraindicado por la tensión. De hecho, recuerdo que cuando reproduje uno de sus vídeos por primera vez –luego, sólo he visto el del llamado ‘oligarca’ Pepe Blas Fernández- tuve que apagarlo a la carrera porque entró en la habitación mi hija pequeña y no quería que disfrutara del duro verso del protestante gaditano. Éste se justifica diciendo que no pierde la razón por sus -malos- hablares, como si la razón la llevara incluida de fábrica.
Me apena la imputación y posterior no declaración policial de quién, al salir de Comisaría, se resignaba diciendo que todo había pasado porque debía haber mandado a tomar por culo a alguien demasiado lejos (ahí sí estuvo fino). Este indignado vulgar, en vez de afiliarse a Manos Limpias o a la APDHA, se ha dedicado a insultar a quien no le gusta, como troll en foro, protegido por su anonimato. La denuncia del senador lo ha filiado y el propio Puest ha hecho públicos sus datos privados en otro vídeo, por lo que se arriesga no sólo a recibir nuevas querellas, sino a que otro que entienda la justicia igual que él le parta la cara, por enmerdecedor.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20130814/local/ultima-201308140826.html

Y la polémica que generó el artículo en el blog de Fernando Santiago:

http://blogs.grupojoly.com/con-la-venia/2013/08/14/karlos-puest-por-enrique-montiel-de-a/


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