ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

sábado, 20 de marzo de 2010

PÉREZ REVERTEAUX


Arturo Pérez-Reverte es hombre llano, de hierro albaceteño al cinto y lengua afilada que corta más que espada, claro está. Diría que a él le hubiera gustado ser su propio Capitán Alatriste. Hace unos días estuvo paseándose por la trimilenaria Cádiz acompañado de la prensa y algún infiltrado con motivo de la presentación de su nueva novela, titulada 'El Asedio', situada en la tacita de plata del 1810. En un momento del acto publicitario manifestó, al parecer, que si la Isla de León y Cádiz no hubieran plantado cara a los dragones y España fuera hoy Francia, quizá estaríamos más avanzados.
No sé si esto lo dijo en relación al radical laicismo galo, por Carla Bruni, la extinción de la monarquía del «después de mí, el diluvio» o por los Parques de Disney en París. Eurodisney, para los amigos. Lo mismo es que el escritor cartagenero se ha enamorado de esa máquina de mover billones que está a las afueras de la ciudad de la Torre Eiffel, junto al parque de L`France, rodeado de multitud de hoteles temáticos cuya misión consiste en facilitar la entrada, salida y vuelta a entrar al parque de la magia. Yo he estado en Eurodisyney varias veces -sin llegar al nivel de un amigo al que ya tratan de tú en la puerta cada vez que acude con sus rubias niñas- y cada vez me sigue sorprendiendo. La última visita ha coincidido con las noticias de la partida a la eternidad de Miguel Delibes y las elecciones regionales francesas, que seguí por esa TVE Internacional que sólo veo cuando salgo del país. Cuando se está en el extranjero -aunque sea un país de la UE, es el extranjero- uno se agarra al idioma como nuestros abuelos al antiguo NODO en los cines de verano. Desde luego, hay cosas que han de admirarse del país vecino, sin ser tildado de afrancesado, como la extrema amabilidad del personal de Eurodisney o del hotel en el que me alojé. Ni un solo problema, ni una mala cara. El magnate congelado creó una marca de ilusión y felicidad y sus herederos la mantienen y enriquecen.
En todo caso, volviendo a la opinión de APR, no sé si España sería diferente caso de ser la provincia de L`Espagne. Tampoco sé si Pérez-Reverte seguiría siendo el mismo hoy día si se llamase Pérez-Reverteaux. Eso sí, me encantaría que hubiese un parque Disney en Andalucía, con nuestro muchísimo mejor clima. Supondría un incremento exponencial del empleo y del comercio. Viéndolo desde esa perspectiva casi me convence Pérez-Reverte con su teoría de la España post-napoleónica. Casi. Un segundo al menos... Los herederos del Cid y del Empecinado no podrían afrancesarse y eso lo sabe hasta Reverteaux. Pero que pongan Hispadisney en Sotogrande, por favor.

La Voz: 19-03-10

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