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lunes, 18 de mayo de 2015

CARETOS ELECTORALES - La Voz de Cádiz - ABC - 17-05-2015

Dice Felipe Benítez Reyes que los carteles electorales son la versión inversa del retrato de Dorian Gray y algo de cierto hay en ello. El marketing político, metonimia del careto electoral, busca obtener ese voto que dote a sus beneficiarios de tranquilidad vital. Un despliegue inmisericorde de rostros y colores ha bañado nuestras callejuelas de una luz especial; la que desprenden las dentaduras profident de muchos candidatos a las alcaldías, jartos de Photoshop.
En Cádiz hemos visto a una Teófila Martínez demasiado soñadora quizás, con media sonrisa de satisfacción mirando al infinito porvenir (que no es el Atlántico, sino el segundo puente), mientras José María González, 'Kichi', aparece ceñudo, con zarcillos piratas, camisa blanca y barba descuidadamente arreglada, el Pirulí a su espalda: un joven de Cádiz. En Puerto Real arrasan las féminas: La Peinado sale guapa que revienta, el cabello salpicado de canas que demuestran experiencia junto al principal ejemplo de marca electoral: su nombre a tamaño gigante: MARIBEL. Elena Amaya explota también su lozanía desplegando una larga melena que resalta el intenso azul de su mirada. En la Isla, José Loaiza, con un cartel más acertado que el anterior, se muestra cercano, de rostro amigable, algo pachón, mientras una impecable Patricia Cavada juega con el cromatismo: la ambición en sus ojos pardos contrasta con un fondo blanco y la camisa del color oficial. En Chiclana destacan Ernesto Marín recién salido de un catálogo de ropa de temporada de El Corte Inglés y José María Román incidiendo en las tildes de su nombre e inspirando confianza (aunque el cartel es bastante feo). Luego tenemos dos aciertos diferentes de cartelería: en Sanlúcar, Ana Mestre aprovecha su tez blanca y da a la imagen una claridad limpia que resalte su belleza y sus populares ojos azules, a la par que en Puerto Serrano Daniel Pérez, camisa Mao azul, exhibe franqueza tras su gafas de plumilla: el deseo de mejorar su pueblo.
Me hacen gracia los caretos electorales. Inmune a sus efectos, no soy de los que donan su voto al Bertín más gallardo, la candidata más Arrimadas, el tipo más Borbón o el alcaldable más presuntamente Pujol. Desgraciadamente, leo los programas electorales, sufro el mal de la buena memoria y nunca, nunca, olvido una cara.

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