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domingo, 6 de noviembre de 2011

LA VIUDA Y LOS CABRONES (La Voz - 6-11-11)


LA VIUDA Y LOS CABRONES

Con Adoración Zubeldia ocurre como con el hombre de Tiananmen, parando una columna de tanques, cargado con dos bolsas o el anciano general Gutiérrez Mellado, resistiéndose a caer al suelo zancadilleado por el cobarde coronel Tejero, en el golpe del 23F. Que se me erizan los vellos de la nuca y me siento orgulloso de su valentía. Hace unos meses, en un viaje en coche, puse “Rehab”, de Amy Winehouse, diciendo a mi esposa que aprovecháramos antes de que muriera. Fue premonitorio. Hoy, habiéndonos dejado ya, su sustituta, la poderosa Adele del “Rolling in the Deep” se retira temporalmente por problemas médicos en sus cuerdas vocales, que el otro día me enteré que son cuatro. Como aquel día, antes de que nos abandone su impetuosa voz de otra época en cuerpo de otra época, tengo el citado tema de fondo en repeat y no puedo imaginar otra banda sonora más apropiada para las bellas imágenes de Adoración Zubeldia mirando a los ojos a los cabrones que murieron a su esposo.

La viuda de José Javier Múgica, concejal de UPN, asesinado por el comando etarra, el día del –primer- juicio declaró protegida por un biombo. Su testimonio fue espeluznante. Tanto, que provocó el indebido comentario de la magistrada Ángela Murillo al ver las risitas de Txapote y sus cabrónidos. Una torpeza humana que ha forzado la renuncia de la juez de la Audiencia Nacional, para evitar que la defensa de los etarras pidiese la nulidad del juicio por parcialidad de la juzgadora. Formado nuevo tribunal, había que repetir el juicio y parecía que Zubeldia declararía por videoconferencia pero, sorprendentemente, el día D, a la hora H, estaba allí.

“Rolling in the Deep” comienza diciendo: “There's a fire starting in my heart/ Reaching a fever pitch/ it's bringing me out the dark/ Finally I can see you crystal clear (Hay un fuego prendiendo en mi corazón, alcanzando el rojo vivo, sacándome de la oscuridad. Finalmente puedo verte con claridad)”. Con el pelo corto, el rostro triste y una camisa morada de rayas, Zubeldia pidió ver “a esos chicos”. El fuego rojo vivo inyectado en sus ojos, esa mirada desafiante y acusadora de plañidera en busca de venganza, de esposa sin marido, de madre tal como la que hemos tenido todos, saliendo de la oscuridad, atravesando con la mirada severa y sin lágrimas el alma de los que le arrebataron media vida, memorizando sus rostros que hoy no tienen expresión divertida y bajan la barbilla y miran al suelo, al limbo, al futuro que les espera pudriéndose en una cárcel, lejos, muy lejos, del apoyo de sus amigos y familiares.

Esas muestras de valor, entereza y humanidad, merecen estas pocas líneas que no creo lleguen a ser leídas ni por la viuda ni por los cabrones pero eran imprescindibles. Tanto como que escuchen la canción de Adele que les recomiendo y vuelvan a leerse el artículo a su compás.

Enrique Montiel de Arnáiz

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