ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

sábado, 31 de marzo de 2012

KARIMA Y EL JUEZ


La mañana había sido de gran amenidad y nada hacía imaginar la batalla de la tarde. La simpatía mostrada por Karima Ouald Ali y su compañero Ahmed Khalifa había hecho que se ganaran al centenar de asistentes al Curso sobre "El Código de Familia Marroquí y su aplicación en España", que se celebró el viernes en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía de Cádiz. Más de cuarenta de los inscritos habían llegado tarde. Eran los alumnos de la Facultad de Derecho de Algeciras; el chófer de su autobús había cogido por la carretera de Tarifa. Por el contrario, no había ni un estudiante de la Facultad de Jerez.
El curso fue iniciado por Karima, Presidenta de la Asociación Marroquí para la Integración de los Inmigrantes de Málaga y Doctoranda en Derecho por la Universidad de Jaén. Su ponencia versó sobre el Código de Familia marroquí. La joven investigadora lleva los cabellos descubiertos, sin velo islámico, y viste a la manera occidental. Trató de transmitir a los asistentes los avances que ha supuesto la modificación de 2004 de la Mudawwana en relación al matrimonio y sus efectos jurídicos, haciendo ver igualmente sus contradicciones. La intervención propició un sano debate que dio paso al almuerzo.
La sesión de tarde la protagonizó Hassan Mazouzi, Juez de Enlace en la Embajada de Marruecos en Madrid, quien debía explicar la aplicación del Código de Familia a mujeres inmigrantes marroquíes en España. Sin embargo, los problemas para expresarse del ponente, al que se le entendía mejor en árabe que en español, propiciaron que se abandonara la ponencia y se produjera una larga discusión sobre un tema diferente: el suicidio de Amina Filali, la joven de 15 años obligada a contraer matrimonio con su violador. Su Señoría lo pasó mal. Con exquisita educación y una amplia sonrisa mostró sus dudas sobre la veracidad de la información dada por la prensa, aunque luego patinó al confirmar, tratando de disculpar al juez de familia que había admitido el matrimonio de la menor con su violador para archivar la causa penal, que la responsabilidad del enlace había sido de la familia de la joven, que hasta en cinco ocasiones había acudido al magistrado a suplicarle que autorizara el enlace de su avergonzada hija.
Los universitarios intervinieron con coraje ante las contradicciones del juez, que acabó por expresar que investigaría la realidad del suceso, manifestando su disconformidad, como padre de cuatro hijas, con la norma que forzó este trágico suceso. La, hasta entonces, aburrida ponencia se había convertido en un intenso debate sobre derechos humanos, justicia internacional y defensa de la mujer menor de edad. Karima Ouald Ali sufría, pero parecía satisfecha. El curso había sido un éxito y el desagravio a la pobre Amina Filali se notaba en el ambiente mientras el juez, embutido en un abrigo negro, salía del aula, apurado y sonriente, en dirección al Parque Genovés, para no volver jamás a Cádiz.

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