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domingo, 13 de marzo de 2011

EL TSUNAMI EMPÁTICO - LA VOZ (13-03-11)

EL TSUNAMI EMPÁTICO

El otro día leí que el último éxito en ventas era un libro de ciento y pico páginas, totalmente en blanco. El recuerdo me asaltó cuando pensé cómo podía expresar el sentimiento que me producía el terremoto de Japón. Quisiera hacer un artículo totalmente en blanco, vacío de palabras y pleno de contenido, ante la tragedia nipona. Las primeras imágenes que nos llegaron -vídeos caseros, chateos de Internet- no presagiaban lo que posteriormente acaecería: noventa mil desaparecidos, más de mil muertos. Un desastre absoluto y total. La locutora del telediario que narraba lo ocurrido en el primer seísmo decía que los ciudadanos japoneses estaban bien entrenados contra los terremotos y tsunamis y que conocían y cumplían el protocolo al dedillo: primero habían de resguardarse debajo de las mesas y luego debían salir de los edificios a toda prisa, huyendo de los ascensores y los espacios cerrados. Así, la pantalla de televisión mostraba una muchedumbre asustada, armada de móviles de última generación que aún no han llegado a nuestro país, deambulando por las calles con el rostro crispado por la preocupación y el miedo.

Al día siguiente de tan anecdótica oscilación de edificios y personas el horror nos lo encontramos en grandes titulares, los periódicos nos avanzaban el desastre y nos iban preparando para todo lo que aún había de venir. O sea. Centrales nucleares con “mínimas filtraciones”, una economía en recesión absoluta, miles de muertos y desaparecidos, olas gigantes que avanzaban hacia las costas californianas.

Me decía un amigo el otro día, mientras íbamos (aburridos) en coche por autovía (a 110), ante mi pasividad con el conflicto libio, que no era nada empático. Le expliqué que me solidarizo con toda esa gente que sufre dictadores de opereta en repúblicas bananeras (muchos de los cuales han sido votados y apoyados por esa misma gente durante décadas) pero que ahora mismo me importa más que nuestros políticos hallen el remedio para relanzar la economía y estabilizar España y sus instituciones, en clara degradación, para que yo, en ese punto, pueda pagar mi hipoteca, dar a mis hijos un hogar, una alimentación adecuada, una educación en valores ético-morales, cumpliendo con el “primum vivere deinde philosophari”.

Y más aún cuando una lengua de agua sin sentimiento ni empatía nos demuestra que no somos nada sino polvo, más polvo enamorado. Cuando todas nuestras preocupaciones, provocadas por políticos corruptos o inútiles, por bancos abusivos, por explotadores laborales o por nuestra propia inmadurez para dirigir la vida, pasan a un segundo plano. Cuando eres japonés y hay que correr para huir de una tromba de agua, para salvar a tus hijos y tu misma vida. Sin un segundo para colgar la foto de tu propia muerte en el tuenti. Entonces, en lo último que piensas es en la empatía.

Enrique Montiel de Arnáiz

1 comentario:

vinti dijo...

Muy buena reflexión.
Japón era lo más en terremotos. Pero una catástrofe de terremoto a esa escala, tsunami más desastre nuclear, es apocalíptico.
Por orden de importancia, lo peor es lo nuclear, tsunami y terremoto.
No quiero pensar que hubiera ocurrido en España, apenas preparada para ninguna de las tres cosas, ni siquiera para las situaciones de emergencia. No somos nadie.
Salu2.