ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

sábado, 8 de agosto de 2015

HABEMUS PADRINUS

HABEMUS PADRINUS
Montiel de Arnáiz
@montieldearnaiz


En resumen: el chico nace chica pero se siente -quiere ser, va a ser- chico. El chico tiene hermana, la hermana tiene hijo, concretamente un recién nacido al que hay que -quiere, va a- bautizar. El chico va a ser el padrino, la hermana así lo quiso. El párroco duda: ¿es chico o chica? El DNI no engaña pero habrá que hablar con el obispo, el mismo que nunca habla. El chico es católico, muy religioso, y es buen chico. El obispado dice que nones, ¿cómo? Que nanay de la china y el chino. El chico entristece, la hermana se ofende, la prensa se hace eco y el obispado se va de vacaciones -que es agosto- y dice que ya si eso nos vemos en septiembre. El chico protesta, la prensa redobla, la hermana hace una petición de firmas en internet y se planta en el aforismo: quien no tiene padrino, no se bautiza. Y se suspende el bautizo. Entonces, hay marcha atrás obispal, aun en vacaciones de agosto, y habemus padrinus. Por tanto, tenemos bautizo de nuevo. 

Me alegro por el chico, que además es isleño y tiene cara de buen chaval, y me alegro por la rápida solución de un problema extravagante. El carisma del santo padre argentino está descolocando a muchos santos en sus altares. La Iglesia está dejando de ser un exclusivo club privado para abrir sus manos y su regazo a todos los hijos del Señor. Menos mal, porque en esta década de oprobio de las instituciones (y el catolicismo lo es), hay que saber adaptarse o morir, y no precisamente en la cruz. Personalmente, me daría igual si el chico fuese hombre o mujer, gay o hetero, si escribiera novela histórica o de terror. Para mí lo importante sería la fe, y creo que el chico y su hermana, han demostrado entereza, valor y fe inquebrantables. Por eso les felicito, igual que al obispado que, aunque estaba de vacaciones estivales, ha recogido las toallas y la sombrilla y se ha vuelto de la playa cogestionada del Castillo de Sancti Petri para evitar la pérdida de un creyente, un chico isleño con cara de buen chaval, que apadrinará a su sobrino y que, a buen seguro, lo apoyará en la fe de su Iglesia. Como Dios manda.

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