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domingo, 15 de julio de 2012

MARTA Y DANIEL (La Voz de Cádiz 11-07-12)

MARTA Y DANIEL

Prácticamente no tienen nada que ver una y otro salvo sus estudios y la forma que han tenido de enfrentarse a la vida y sus cuitas. Marta es una joven -alta morena y salá, de sonrisa triangular y un precioso cabello negro- que, pese a que aún tiene pendientes cinco o seis asignaturas, está convencida de que las aprobará el año que viene. Tiene capacidad analítica y prudencia de serie. Y llantas de aluminio. Por el contrario Daniel, que también es joven -tiene el cabello de un rubio oscurecido, manos afiladas y mirada inteligente- ha terminado recientemente su último examen y ha finalizado una de las últimas licenciaturas en Derecho. Estudia irse fuera a hacer la pasantía, lejos de sus padres y su novia. Marta ha cursado la misma carrera en la Facultad de Jerez de la Frontera (ésa que se robó el hoy denostado Pacheco para sí y su pueblo) mientras que Daniel la ha terminado en la Facultad de Algeciras, sita en el antiguo hospital militar, poblado de despachos como el del área de Derecho Civil, antaño cámara mortuoria, donde las limpiadoras -eficientes y serviciales- juran haber visto espectros recitando en latín aquello del usufructus est, ius alienis rebus, utendi, fruendi, salva rerum substantia. 
 
Ambos debieron hacer la selectividad en su día, imagino. Como la hice yo: El viejo Jetta conducido por mi no tan anciano padre nos transportó, cual carro del triunfo que era, a mi viejo amigo Jaime Lanceta y a mí. La tensión máxima, la materia ingente. Nunca se nos ocurrió que la selectividad fuera una criba real, sino más bien, un último esfuerzo. El ministro Wert, con quien he colindado columnas muchas veces hasta que fue llamado por Rajoy a mejor vida, parece haber tomado el rol de Bibiana Aido en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero. Es la nota disonante, la cuerda que chirría. Le tengo por una persona culta y preparada, un técnico intelectual, así que supongo que cada vez que aparece en Fa Sostenido, lo hace porque quiere. Que Wert diga que la Selectividad no funciona porque la pasa todo el mundo tiene muchas lecturas e interpretaciones. Por ejemplo, cuál es su auténtico origen. ¿La criba o la excelencia? 
 
Marta y Daniel han tenido sus graduaciones -Gaudeamus igitur y todo eso, ya saben- con menos de un mes de diferencia. Mientras que el rubio fue co-portavoz de sus compañeros e hizo un discurso agudo y emotivo, la morena optó por la discreción, la elegancia y el dominio del taconazo. Predigo que ambos triunfarán. Y lo predigo no porque hayan pasado ambos la criba sino porque la vida les ha puesto obstáculos, impedimentos, selectividades de todo tipo en su vida; sino porque han tenido el suficiente valor, perseverancia y madurez para mirarla a la cara y sonreir antes de escupirle. Esa es la auténtica selectividad, ministro: la vida. Esa vida que Daniel y Marta comenzarán a vivir en muy breve plazo: la que te da y quita todo en un hálito, la que hay que vencer una y otra vez hasta la derrota final.

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