ABOGADOS DEL DIABLO QUE HAN PASADO POR AQUÍ

sábado, 7 de enero de 2012

Dos días de Enero (La Voz 8-01-12)

DOS DÍAS DE ENERO

​Cinco de enero. El sol oculta su efigie y el sonido de los tambores advierte la llegada de la cabalgata de los Reyes Magos de Oriente mientras centenares de niños, expectantes, sostienen con las manos bolsas de plástico, y bicentenares de padres, intranquilos, elevan a los cielos paraguas invertidos. Su objeto, la caza del caramelo de Cajasur, ése que regalan en las salas de espera de las oficinas bancarias y que reparten hoy los pajes reales desde las carrozas. Otros usan el paraguas del revés como medio de protección caramelil, porque hay Reyes maliciosos que disparan con inquina. Y en pleno tiroteo –algunos también contraatacan al Rey Melchor, al que apuntan entre los ojos- me vino al recuerdo la historia de la madre de Nina, una amiga del instituto.
Un día de Reyes, acompañaba Nina a su madre, una señora de cabellos rubios, ojos marrones y mediana estatura, junto con su pequeña hermanita. No puedo ofrecer una descripción del tiempo y la temperatura porque no estaba allí, pero arriesgándonos un poco, diremos que hacía frío y era de noche. La madre de Nina, despreocupada, recibió un certero caramelazo en uno de sus ojos marrones que le vació una cuenca. Le colocaron una órbita de cristal –en realidad, polimetilmetacrilato- que asemejaba el ojo perdido. Al año siguiente (vuelvo a inventar, quizá pasaron varios años), volvió al lugar del crimen, junto con su marido y su hija pequeña. Tampoco llevaba un paraguas vuelto del revés. No sé si fue un Rey, un paje o un lanzador anónimo de la primera fila, pero el caramelo voló nuevamente en su dirección. El impacto fue certero y su falso ojo estalló y rompió en dos trozos. La madre de Nina no ha vuelto jamás a aparecer por la cabalgata. Es más de Papá Noel.
​Seis de enero. Llama el Cabo Montiel, destinado en Afganistán, como miembro de las fuerzas de la ONU. Le dice a su madre -que ha guardado los regalos que para él han dejado los Reyes Magos en el salón de su casa, sobre unas viejas zapatillas, para cuando regrese- que saldrá en el telediario de las tres. Ha sido seleccionado para acompañar a los mandos que van a ser felicitados por el nuevo Ministro de Defensa, por la Pascua militar. Pedro Morenés, utilizando el artilugio de la videoconferencia, iba a contactar con las misiones internacionales y ser informado de los avances de las fuerzas españolas en el extranjero.
Abiertos ya los regalos y diluidas las risas infantiles, la familia del Cabo Montiel pone la televisión buscando en vano una imagen de su héroe en la lejanía afgana, editada y cortada por un sujeto mezquino de los informativos. Cuando vuelva, el Cabo Montiel encontrará más cambios de los que imagine allá en Herat. Con la crisis, su escaso sueldo no le llegará para rendir pleitesía a los Reyes Magos. Tendrá que hacerse más de Papá Noel.

Enrique Montiel de Arnáiz

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