
La cosa es que el Juez Baltasar Garzón siempre me cayó bien. Me parecía un idealista, un tipo brillante que luchaba por su cuenta dentro del encorsetamiento general de la judicatura española. Luego hizo el intento de entrar en política de la mano de Felipe González y huyó en estampida poco después, supongo que desengañado. En los últimos años siempre me ha dado la impresión de que abarcaba más de lo que podía, se metía en todos los charcos, era un juez de los llamados "Estrella". Lo mismo imputaba a un dictador de otro país como investigaba el asesinato de García Lorca. Loable, quizás. Pero irregular.
Ahora el Tribunal Supremo parece haber levantado la veda tras las cacerías con ministros sin licencia y las conferencias subvencionadas, por el tema de las escuchas a los abogados en el caso Gürtel. Creo que ahí sí ha metido la pata y bien el magistrado, al que se acusa de haber olvidado los principios fundamentales del Derecho. Habrá de estarse atento porque se la juega, por lo que deberá ponerse en manos de algún abogado de esos a los que ha ninguneado el derecho de defensa al ponerles escuchas en sus conversaciones privadas con clientes.
Arenas movedizas, Su Señoría.